Miércoles, 07 Mayo 2014 01:26

Cuando Hellín aún no lo era

Iniciamos, con el ánimo de seguir siendo un servicio público de información a través de internet, una nueva sección que bajo el título “Cuando Hellín aún no lo era” recogerá una serie de artículos divulgativos en torno a la historia de nuestro territorio.

Nuestra intención no es otra que la de ofrecer una idea general del recorrido histórico de un territorio, ahora ocupado por Hellín y sus pedanías, en los momentos anteriores a la fundación de la ciudad que nos acoge, allá por el siglo XII.

Desde el paleolítico hasta la fundación de Hellín, miles de años de historia condensados, de forma divulgativa, por numerosos investigadores que han querido colaborar con nosotros en el empeño de aportar un poco de información sobre nuestros ancestros.el valle minateda-agramon-3

En las próximas semanas El Objetivo de Hellín publicará diferentes colaboraciones sobre distintos aspectos de la historia, las gentes que habitaron este territorio, su economía, o los aspectos sociales, culturales o religiosos en las diferentes etapas en las que tradicionalmente se divide la Historia. La intención no es la de realizar un estado de la cuestión o una memoria completa de nuestra Prehistoria y la Historia Antigua y Medieval, ni siquiera una relación de yacimientos arqueológicos y conocimientos de cada una de estas épocas. El objetivo no es otro que el de dar a conocer algunas pinceladas de ese abundante conocimiento de nuestro pasado.

Contaremos con la colaboración de algunos de los investigadores que han trabajado en los últimos años en nuestro entorno, al amparo de diferentes proyectos. Prehistoriadores y arqueólogos en su mayoría, que tratarán de trasladar con sus textos algunas de las conclusiones de su trabajo al gran público.

No se trata de hacer un libro de historia, por eso ni siquiera seguiremos un orden cronológico. Los artículos se irán publicando según se vayan preparando. Solo al final, cuando concluyan los aportes de la sección, todas las colaboraciones serán ordenadas y almacenadas en nuestra web para que puedan ser consultadas.

La Historia de un camino

Bajo este título los responsables del Proyecto Tolmo de Minateda quisieron resumir el argumento expositivo y didáctico de un yacimiento que es sin duda el más importante de todos los de este municipio por su importancia histórica, la espectacularidad de los restos documentados, y por la dimensión de su investigación, puesto que en este lugar se han realizado casi 25 campañas de excavación arqueológica. Esta sección se nutrirá bastante de este amplio proyecto, pero no de forma exclusiva.

En el término municipal de Hellín se conocen, habiendo investigado en mayor o menor medida sobre ellos, otros muchos yacimientos arqueológicos anteriores al siglo XII. Los más conocidos seguramente sean el Abrigo Grande de Minateda, Los Almadenes, la villa de Hellín, Zama, o La Camareta, de los que se hablará sin lugar a dudas en algunos de los artículos que publicaremos, y otros más inciertos para los no iniciados y de los que, al menos, trataremos de dar a conocer.

En el término municipal de Hellín hay catalogados alrededor de 300 yacimientos arqueológicos, y en la mayor parte de los casos solo conocemos de ellos algunos materiales recuperados superficialmente. Esa proliferación de yacimientos, de épocas y de culturas se explica, de forma fundamental, por la presencia de ese camino que quisieron destacar en el Tolmo como elemento vertebrador de su dilatada ocupación.loma eugenia5

El suelo que hoy pisamos se encuentra en una zona de paso natural.Durante la antigüedad, ríos y caminos naturales facilitaron la comunicación entre los pueblos, y en este sentido El Tolmo de Minateda, y, por extensión, su territorio circundante ejerció como centro de control de la ruta que unía la Meseta con las tierras murcianas por el sureste, y de una de las vías meridionales que desde Levante llevaba hasta la Alta Andalucía a través de los valles de la Sierra del Segura.

Las formaciones de roca originarias del Camarillas, los conocidos como ídolos del Camarillas, que se distribuyeron por distintos yacimientos peninsulares de la Edad del Bronce, delatan la existencia de un comercio que, en esa época, utilizaba las vías de comunicación naturales. Es sin embargo la presencia de ánforas fenicias en Los Almadenes el principal argumento para conocer las más amplias ramificaciones comerciales que tienen lugar ya desde bien antiguo. Lo mismo nos indican algunos objetos de importación recuperados en algunas necrópolis ibéricas, como la de Torre Uchea, procedentes del comercio con púnicos y griegos.

Hoy en día, la mayoría de los investigadores están de acuerdo en que estamos en lo que en la antigüedad fue una especie de nudo de comunicaciones, un cruce de caminos en el sureste de la Península. Un lugar en el que, como veremos, en las próximas semanas, proliferaron asentamientos y culturas.

Un camino de riqueza

Riqueza cultural desarrollada en un rico territorio. Al norte se encuentran las bien regadas huertas más cercanas a la Meseta, lo que favorece un ambiente seco con oscilaciones térmicas anuales entre los 16-17º C. El aprovechamiento de las tierras en época antigua lo constatan algunos yacimientos como los del valle de Polope; las aguas termales de la Fuente de Santa Quiteria propiciaron que en sus proximidades se instalase una villa romana, la de los Paredes; la laguna de Alboraj, con una rica fauna, proporcionó recursos para la subsistencia de un asentamiento romano y de un eremitorio visigodo instalados en sus cercanías. Al oeste se ubican las huertas de Isso, con una laguna de aguas sulfatado-magnesiadas en cuyos bordes hubo cabañas neolíticas y más tarde poblaciones de iberos y romanos. Al noreste, el cauce del Mangas-Mielgas facilitó la ubicación de asentamientos en Vilches y Los Canales, ambos de época romana y tan poco distantes entre sí que debieron constituir una sola explotación agrícola. Al suroeste del Tolmo, los baños de El Azaraque se utilizaron ya en época islámica, aunque es posible que lo fueran también en algún momento anterior.

Las aguas del Arroyo de Tobarra, bordeadas por algunos asentamientos (La Horca, Zama, El Transformador), discurren al pie del Tolmo, lo que en principio asegura el aprovisionamiento de tan necesario elemento. Sin embargo, su fuerte mineralización y el alto índice de salobridad que produce el lavado de materiales ricos en sales la hacen poco apropiada para el consumo humano; a ello puede deberse la excavación de numerosas cisternas en El Tolmo y la construcción de una gran balsa en Zama, de manera que sería el agua de lluvia la que se utilizaría para el consumo humano, mientras que la del citado arroyo se emplearía con preferencia para otras actividades.LOMA LENCINA 2

La existencia de agua debió ser un condicionante básico en la distribución de los lugares de habitación. Ramblas y arroyos, los Saladares de Cordovilla, las lagunas citadas y las tres charcas hoy unidas en la laguna de Los Patos sirvieron además de hábitat a una avifauna con patos, ánades y fochas como especies dominantes. El agua y el clima favorecieron también algunos tipos de cultivos. Las producciones más importantes son hoy los frutales y en menor medida los olivos y los viñedos, y parece probable que también lo fueran en la Antigüedad. Así también lo han atestiguado los escasos estudios de polen y de  semillas recuperadas efectuados hasta el momento.

Rebaños de ovejas y cabras, frecuentes en la zona, debieron completar la base alimentaria, aunque se desconoce si otro tipo de animales domésticos ocupó un puesto relevante en la economía de aquellas gentes. Junto a la agricultura, la ganadería y posiblemente la pesca, otros recursos naturales fueron utilizados por quienes habitaron este territorio en épocas pretéritas. Todo indica que el esparto ya fue en la antigüedad cosechado. Esta planta, según los escritores de época clásica, ocupaba una amplia extensión del sureste de la Península Ibérica. Era el Campo Espartario  Campus Spartarius para los latinos y Spartárion Pedíon para los griegos, en cuyos límites se ubica nuestra comarca.

Graveras de sílex y cuarcitas de El Pedernaloso y La Fuente de Hellín se utilizaron para fabricar útiles paleolíticos y, más tarde, dientes de hoz. Las areniscas del Tolmo, fáciles de tallar, permitían realizar construcciones de tipo rupestre, como escaleras, almazaras o viviendas, y servían para tallar columnas, sillares, capiteles y esculturas. La piedra del cercano volcán de Cancarix, la cancarita, de mayor dureza, se utilizó para fabricar molinos.

Una variedad de recursos nada desdeñables permitió a los habitantes de esta zona el desarrollo de una economía básica, de una sociedad cada vez más compleja, y de una rica cultura que, como comprobaremos en las próximas semanas, dejó abundantes restos documentales.

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