Sábado, 31 Agosto 2013 18:15

GEMA. UNA GALGA QUE QUERÍA SEGUIR MIRANDO LA VIDA

Quería empezar este espacio “animal” tratando algún tema lejano a mi entorno, pero no podía dejar de compartir la preciosa historia de Gema, una perra con ganas de vivir.

Fue el 16 de mayo, un jueves casi caluroso, cuando nos miramos a los ojos por primera vez. Gema, a la que bautizamos así porque ese día, el de las primeras miradas, se celebraba Santa Gema de Galgani. Nos la trajeron desde la Protectora de animales Santa Clara de Tobarra, en un estado tan grave que, a simple vista, ni la intersección de tanta santidad hacía viable su recuperación.

Gema, una galga con una década de mala vida a sus espaldas, de pelo claro, malnutrida y deshidratada, que nos miraba y a la que nosotros casi no podíamos mirar. Llegó con la mano izquierda rota, con una herida abierta que dejaba a la vista el cúbito y el radio. Para añadir gravedad, presentaba otra fractura en el pie izquierdo y evidentes signos de haber sido maltratada. La causa de estas heridas seguramente nunca la conoceremos, un atropello, quizá una paliza, pero, en definitiva, dejarla en ese estado fue una total falta de humanidad.

Mientras la reconocíamos ella seguía mirándonos fijamente. Con una mirada que no conseguía velar el dolor por el que estaba pasando, pero que traslucía una petición de ayuda. Quizá esa mirada, o la sensación que interpretamos de ella, fue el argumento necesario para comenzar a luchar por esa perra. Gema. Que lo tenía todo en contra, incluso la edad.

Se inició una campaña de petición de ayuda. Nos valimos para ello de las redes sociales, y muy pronto comenzó a colaborar gente desde numerosos puntos de España y de Europa. Mientras tanto, nosotros la hospitalizamos y continuamos con las curas hasta que pudimos operarla. Fue una intervención complicada en la que se le pusieron unas fijaciones externas que le ayudaran, con el tiempo a recuperar su movilidad de forma normal.

Durante el postoperatorio Gema se convirtió en una más de la Clínica. Comenzaba a andar y a investigar el local. Pronto descubrió un pequeño sofá que tenemos en el despacho y lo convirtió en su sitio favorito. Desde allí seguía mirándonos. Su mirada ahora denotaba curiosidad y agradecimiento. Esa mirada de ojos oscuros, seguía, lamentablemente, indicándonos dolor en el momento de las curas. La infección nos estaba ganando la batalla y los ojos de Gema se apagaban poco a poco.

Después de consultar con muchos traumatólogos y otros compañeros, y a pesar de algunas opiniones en contra, decidimos que sólo podíamos hacer una cosa por salvar la vida de Gema: amputar su maltrecha mano izquierda.

La vida de Gema cambió totalmente después de la segunda intervención. Solo unas horas después le cambió la mirada para siempre. El dolor se convirtió en luz, en ganas de seguir viviendo. Su adaptación también fue muy rápida. A los pocos días corría por el descampado que hay frente a la Clínica.

A nosotros ha sido Gema la que nos ha cambiado la vida. Su mirada nos ha atrapado tanto que hemos sido incapaces de desprendernos de ella. Mientras escribo estas líneas, ella me sigue mirando, tumbada en el que ya es su sofá, y me está diciendo…gracias.

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