Miércoles, 25 Junio 2014 08:13

Los Almadenes. Arqueología al otro lado del incendio

 

por Víctor Cañavate Castejón.

 Hace poco releía por casualidad -y con sana envidia- un artículo publicado en El País el 19 de Julio del 2012 que se titulaba “Arqueología viva y en directo”, a propósito de una imponente estructura defensiva documentada en el término municipal de Carnota (A Coruña). En el texto, además de explicar la importancia de los restos documentados y su posible interpretación, se ponían de manifiesto dos elementos que me llegaron muy adentro por su singularidad: la posibilidad de mostrar en directo y online el día a día de los trabajos de campo, como se desenvuelve un arqueólogo ante los problemas cotidianos en la excavación y como documenta, con avidez, los misterios ocultos durante generaciones. El segundo, y quizás más importante, era la  preocupación por parte del ayuntamiento carnotano de salvaguardar y apoyar los trabajos que se estaban realizando. La falta de presupuesto municipal no impidió el apoyo, todo lo contrario, la falta de recursos se suplió poniendo a disposición de los investigadores mano de obra voluntaria, herramientas e infraestructuras; todo con tal de documentar, salvaguardar, pero sobre todo poner en conocimiento de la ciudadanía qué se estaba haciendo en el yacimiento y qué era. Hasta el edil de cultura se puso manos a la obra (en el sentido literal).

Por las fechas en las que se daba a conocer la noticia nos encontrábamos en la intervención de urgencia del enclave orientalizante de los Almadenes, un yacimiento protohistórico que se fecha entre los siglos VII y VI antes de nuestra era. El despoblado se sitúa en el Cañón de Los Almadenes, una zona que ocupa el extremo suroriental del término municipal de Hellín, muy cerca ya del límite con la provincia de Murcia, y que recibe este topónimo por la existencia de minas de azufre cuya explotación está documentada, al menos con seguridad, desde época andalusí. Este espacio geográfico es de incalculable valor paisajístico. Se vertebra en torno al río Mundo, que discurre por un tramo encajonado hasta desembocar en el río Segura, en un punto que dista apenas unos 3 kilómetros del yacimiento. Sobre la ribera derecha del cañón, en uno de los lugares más altos y de mayor visibilidad, se sitúa el yacimiento, cuya ubicación le otorga un control estratégico del entorno inmediato y de diversas e importantes vías naturales de comunicación: hacia el sur, se alcanza la costa murciana y alicantina siguiendo el curso del río Segura; por otro lado, a través del valle interior que arranca desde Moratalla se llega a la zona de Linares y su área de influencia, donde también se puede ir siguiendo el río Segura hasta su cabecera; por último, hacia el norte se enlazaría con el interior de la provincia de Albacete siguiendo el Arroyo de Tobarra.Vista general del yacimiento tras el incendio 2 copia

Aunque el enclave fue descubierto en 1931, no fue hasta la década de los ochenta cuando se realizaron los primeros trabajos, basados en rastrear la superficie del enclave. Esta labor puso de manifiesto una serie de excavaciones clandestinas que afectaban a diversos edificios del poblado. En uno de ellos los furtivos habían abandonado una gran cantidad de fragmentos cerámicos y adobes completos con restos de enlucido pintado de color rojo, todavía adherido a ellos. Este descubrimiento fue la causa de que se autorizara una primera campaña, eligiendo ese preciso lugar para el inicio de los trabajos. El resultado de las excavaciones llevadas a cabo durante los años 1993 y 1995 demostró la importancia de este edificio, que destaca por sus dimensiones y su distribución interna, así como por la enorme cantidad de contenedores de cerámica descubiertos en su interior. Estos recipientes, denominados ánforas, servían para contener y transportar material primas como son cereales, vino y aceite, y su gran abundancia parecía poner de manifiesto que el gran edificio descubierto no podía tratarse de una vivienda sino de un centro de recepción y distribución de productos que, utilizando el río como medio de comunicación, parecía demostrar una compleja red comercial que ponía al enclave de Los Almadenes en un lugar preponderante dentro de un circuito que comunica la costa alicantina con el sureste manchego.

Con todo, y pese a los intentos por parte de los investigadores de continuar con el proceso de estudio y trabajos arqueológicos el yacimiento cayó en el olvido. A finales del año 2011, para incrementar y mejorar la disponibilidad de agua en puntos de especial dificultad, la Confederación Hidrográfica del Segura planteó una serie de remodelaciones con el fin de optimizar las infraestructuras de comunicación en el pantano de Camarillas. Estas infraestructuras se encuentran, aún hoy en día,  enclavadas en el interior del yacimiento. Del mismo modo hay instalada una antena de telefonía móvil que da cobertura a los municipios de Agramón y Las Minas.

Los inicios de estos trabajos no tuvieron en cuenta la presencia del yacimiento, por lo que la maquinaria empleada causó el destrozo de un tramo de aproximadamente 10 metros de la muralla.

Esos destrozos, con los trámites administrativos pertinentes, motivaron que a mediados del mes de junio del 2012 comenzáramos una intervención de urgencia en el yacimiento. Los motivos eran varios. Por un lado reconocer el grado de destrucción causado por la maquinaria en el yacimiento; de otro documentar la propia estructura defensiva con el fin de conocer su arquitectura, funcionalidad y fiabilidad constructiva y, por último, recomponer el tramo perdido con los mismos materiales originales.Vista general del yacimiento tras el incendio copia

Hay que imaginarse, para quien no ha estado en el lugar, como era trabajar en ese yacimiento. Un entorno montañoso, lleno de arboledas: al norte el pantano de Camarillas (agua y vegetación), al este el Cañón de Los Almadenes (agua y vegetación), y al sur y oeste solo sierra (vegetación, mucha vegetación). Un trabajo de investigación muy interesante en un entorno idílico. Solo había un problema. Ningún representante municipal se puso en contacto con nosotros en ese tiempo, por si requeríamos algún tipo de ayuda o para interesarse por los trabajos. Ni siquiera cuando el 1 de julio, mientras las masas veíamos –yo el primero- como vapuleábamos a Italia en Kiev, se originaba (entiéndase el eufemismo) un incendio que marcaría en la zona un gol muy doloroso. No por frecuente, en época estival, deja de ser inaudito e incomprensible que se produzcan tales acciones sobre el patrimonio paisajístico; incluso es descabellado.muralla almadenes

No fue hasta tres días después, cuando al borde de la carretera de Agramón a Las Minas todavía se veían los rescoldos, cuando pudimos inspeccionar la zona y el estado en el que se encontraba el yacimiento. La impresión que nos produjo se puede resumir con la expresión “paisaje lunar”. Todo lo verde había desaparecido, sustituyendo esos tonos por los colores negro y gris ceniza. Todas las estructuras visibles del yacimiento estaban quemadas o ennegrecidas por el fuego, lo que incluía, además, las antenas que la Confederación quería reformar además de la de telefonía.

Sin embargo, pese el estado en que se encontraba todo, continuamos los trabajos de salvamento y documentación de la muralla de Los Almadenes que se alargaron hasta finales del mes de julio, consiguiendo que la muralla quedara recompuesta y estudiada, así como todos los materiales recuperados inventariados. Durante esos días de intenso trabajo tampoco se pusieron en contacto con nosotros los representantes políticos de la administración local (quemarnos, no nos íbamos a quemar, claro así que ¿Qué mas da?.... ). Recuerdo que después del incendio era raro el día que no se acercaran por allí miembros del SEPRONA para inspeccionar la pareja de águilas reales que anidaban justo enfrente del yacimiento, o los técnicos que querían comprobar el estado de la antena de telefonía, los peritos de la Confederación venían a ver las suyas, incluso vecinos de Las Minas se acercaban para preguntar qué pasaba con la cobertura de sus teléfonos. Era curioso, por decirlo de alguna manera, que al escuchar los informativos de ámbito nacional se hablara con profundidad del “incendio de Albacete”, de la especial preocupación por parte de las autoridades regionales (y locales) de lo que estaba pasando. Incluso se empezaban a manejar cifras astronómicas en pérdidas y otras tantas de ayudas para la recuperación de la zona.Pantano desde yacimiento antes incendio copia

En fin, leyendo el artículo del ejemplo carnotano, no paro de preguntarme qué habría pasado si hubiéramos tenido periodistas  transmitiendo a diario nuestros trabajos; además cubrirían el incendio a su paso por el yacimiento como se cubrió la visita de los políticos, informarían de la preocupación por parte del ayuntamiento de la marcha de las reformas en las antenas de comunicación, y seguramente mostrarían en tiempo real el apoyo que por parte de las instituciones se tiene del patrimonio.  

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Víctor Cañavate Castejón es licenciado con grado en Historia por la Universidad de Alicante, con la especialidad de Prehistoria, Historía Antigua y Arqueología. Su carrera profesional ha estado muy vinculada a la arqueología de nuestra comarca, participando en diferentes proyectos, como en Los Almadenes o el Tolmo de Minateda, al que está vinculado desde hace más de una década. Es autor de varias publicaciones, buena parte de ellas sobre arqueología medieval islámica, periodo en el que se ha especializado.

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