Miércoles, 06 Agosto 2014 08:12

La construcción del complejo religioso de época visigoda en Eio (y IV)

 

por Pablo Cánovas Guillén

El siguiente texto es la última parte de una pequeña historia novelada sobre cómo pudo ser la construcción de la basílica y el palacio episcopal visigodos documentados en la antigua ciudad de Eio, el yacimiento de el Tolmo de Minateda. Salvo algunas licencias del autor, como los nombres de los personajes, toda la información utilizada en el texto ha sido extraída de los trabajos de investigación arqueológica que el equipo Tolmo de Minateda está desarrollando desde el año 1995, momento en el que se iniciaron las labores en la plataforma superior del yacimiento, donde se ha puesto a descubierto uno de los conjuntos arquitectónicos religiosos de época visigoda más interesantes de toda España.

 

Había hecho mucho frío esa noche, y me costó mucho conciliar el sueño por culpa de los nervios. Por la mañana participaría por primera vez en una ceremonia religiosa en el interior de la basílica de Eio, en cuya construcción habían colaborado mis jóvenes manos.

Quizá por eso madre no le dio importancia a las bubas que me habían salido en el labio y a mi dolor punzante en el pecho. Le echó la culpa a los nervios y me intentó tranquilizar diciéndome que a ella también le dolía un poco en el mismo lugar.

Recuerdo que esa mañana mucha gente se concentró desde muy temprano en las inmediaciones de la basilica. Era el último día de la Pascua, y habían acudido gentes incluso de aldeas bastante lejanas. Tras la consagración del edificio siete días antes, los presentes íbamos a asistir a una ceremonia en la que yo había participado hacía unos cuantos años en Toletum, pero de la que apenas recordaba nada: la incorporación de nuevos fieles a través del bautismo.

Mis hermanas más pequeñas eran dos de las más de veinte personas, entre niños y adultos, que ese día recibirían el bautismo, y para ello llevaban desde la Pascua anterior asistiendo a la catequesis que les prepararía para ese importante paso.Render Basilica Interior estatico 3 copia

La administración de este sacramento era sin duda una de las ceremonias litúrgicas más importantes de las que a partir de entonces presidiría el obispo. Los competentes, entre los que se encontraban mis hermanas, esperaban desde el alba fuera de la iglesia, observando como los fieles iban llegando y tomando posiciones en el interior de la iglesia. Instantes antes de que el clero hiciera acto de presencia, los aspirantes al bautismo se acercaban a la puerta meridional, desde donde deberían acceder al interior llegado el momento.

Poco después, el clero, presidido por el obispo en persona, y en procesión desde el vecino palacio, entró en el santuario por la puerta monumental del lado norte, para desde allí dirigirse, en solemne procesión por el centro de la iglesia, pronunciando solemnes cánticos, al espacio reservado en sus pies, el contracoro, lugar desde donde esperaron la entrada de los aspirantes para iniciar el rito.

Los catecúmenos o competentes debían aguardar su turno en una pequeña habitación que se había construido junto a la puerta meridional, antes de penetrar en la primera sala del baptisterio, donde se debían despojar de sus vestimentas. A partir de aquí los asistentes no pudimos presenciar el resto del rito, puesto que éste se realizaba en el interior del baptisterio, cerrado respecto a las naves de la iglesia, y fue una de mis hermanas la que más tarde me contó cómo había transcurrido todo.

Una vez despojados de sus ropas pasaban a la nave central donde, de espaldas a la piscina, debían renunciar al diablo, tras lo que eran ungidos con óleos. A continuación debían introducirse en el interior de la piscina, descendiendo por las escaleras occidentales, y tras ser bautizados, con una complicada fórmula que mi hermana no supo explicarme, salían de ella a través de la escalera oriental, donde eran recibidos por el obispo, que les entregaba una túnica blanca que debían vestir antes de esperar en otra de las salas a que el resto de competentes fueran bautizados. Desde aquí volvían a penetrar en las naves de la iglesia, acompañando a la procesión que devolvía al clero a la zona del santuario, para posteriormente participar, junto al resto de los fieles, de la eucaristía. Aquella fue la última vez que tomé el cuerpo de cristo.TOLMO COMPLEJO FINAL retocada OBSERVACIONES copia

A esas alturas de la ceremonia yo ya me encontraba bastante debilitado. Había comenzado a sudar copiosamente, aunque el día era frío y bastante desapacible. Cuando salimos de la iglesia apenas podía caminar. Padre se dio cuenta y me acompañó hasta mi camastro, donde caí enseguida en un profundo sueño. Desperté con temblores y un gran dolor. A mi lado estaba madre, tumbada en otro camastro, sudando y con muy mal aspecto. Padre hablaba al otro lado de la habitación con un galeno, y a su lado estaba Fulco, atendiendo a la conversación. Ese es el último recuerdo que tengo de mi corta e intensa permanencia entre los vivos. Pocas horas después caí en un sueño del que ya no desperté. A madre le ocurrió lo mismo pocos días después.

Fue un golpe muy duro para todos, especialmente para padre, que volvería a Toletum sin su esposa ni uno de sus hijos. Picto debía salir raudo en busca de un nuevo encargo y de una nueva compañera que cuidara de las pequeñas. Antes de abandonar Eio solicitó darnos sepultura en aquella ciudad, y el obispo, agradecido y satisfecho por el trabajo de padre, permitió que excavaran para madre y para mí dos sepulturas junto a la iglesia, un lugar privilegiado y reservado normalmente a los nobles.P1010049

Madre ocupó durante muchos años una tumba excavada en la roca junto al muro sur del baptisterio, y mis huesos descansaron en otra, abierta en el suelo de uno de los pórticos de entrada, hasta que hace unos cuantos años unos señores que vestían extrañas ropas los trasladaron a un lugar llamado Museo, a bastantes leguas de Eio en dirección a Toletum.

Desde entonces descanso en el interior de una caja de un raro material de color gris. He dejado de llamarme Guma, ahora me denominan unidad estratigráfica 60308. Perdí mi nombre, pero no mi memoria.

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El relato publicado en varias partes y que concluye aquí está basado en parte de la documentación extraída durante los trabajos de excavación del conjunto religioso de época visigoda en el Tolmo de Minateda, realizados fundamentalmente entre los años 1996 y 2004. Para quien desconozca los resultados de estas campañas, publicados en numerosos artículos científicos y de divulgación, trataremos de presentar aquí las principales conclusiones a las que el equipo de investigación responsable de los trabajos ha podido llegar:

En época visigoda una nueva ciudad se había alzado sobre el solar de la antigua, el orgulloso tolmo que presidía el antiguo camino volvía a cobrar vida. A mediados del siglo VI de nuestra era, Hispania vivía tiempos agitados; el imperio bizantino ocupaba buena parte del sudeste de la Península y su rival, el reino visigodo, cada vez más afianzado, pugnaba por reconquistar esos territorios. El camino, ese camino que siempre dio sentido a la ciudad, volvía a ser importante; no en balde unía Toledo, la capital del reino visigodo, con Carthago Spartaria, la antigua Carthago Nova, ahora principal puerto bizantino. De la mano de esos conflictos resurgió el interés por la ciudad, que inicia ahora un último y definitivo periodo de reviviscencia urbana. Su máximo esplendor material se alcanzó precisamente en el lugar en el que han desarrollado los hechos del relato, en su catedral.

El edificio principal, la basílica, tiene tres naves, con su cabecera hacia el este, y un baptisterio a sus pies, en el oeste. Las naves están separadas por columnas en la iglesia y por pilares en el baptisterio, y seguramente sostenían una cubierta a dos aguas, sobreelevada la de la nave central con respecto a la de las laterales. Cuenta con un ábside de medio punto, peraltado y exento, cubierto con una bóveda de ladrillo, ante el cual, en el primer intercolumnio de la nave central, se localiza el santuario, algo más alto que el suelo de la iglesia y delimitado por canceles. A los lados sobresalen cuatro estancias: dos en la cabecera, a modo de brazo transversal, y dos colindantes en el extremo occidental de la nave meridional. Las dos primeras son un vestíbulo monumental y una cámara funeraria que hacía las veces de sacrarium, ambas comunicadas con el exterior. Otros dos accesos se abren en el centro de cada fachada lateral del edificio basilical, y permitían el ingreso tanto desde el norte como desde el sur.Render Basilica Interior estatico 1

A los pies, el espacio definido como contra-coro es fruto de una reforma posterior y se relaciona con la estancia situada junto al baptisterio, que se interpreta como antesala para la liturgia bautismal. El edificio del baptisterio conforma una unidad constructiva con la iglesia, con la que se comunica, aunque se desvía ligeramente respecto a su eje principal. Se han documentado numerosas reformas en su piscina, siempre tendentes a disminuir su tamaño y profundidad. Es el único ejemplo conocido por el momento de baptisterio tripartito con canceles en los vanos, lo que atestigua una circulación lineal durante la celebración del sacramento.

Al norte de la basílica, y separado de ella por un espacio abierto de contornos irregulares al que se accede por un pórtico, se extiende un edificio de grandes dimensiones y estructura monumental, que se interpreta como el palacio episcopal. Es parte del complejo arquitectónico visigodo construido ex nouo en la parte alta de la ciudad y, como la iglesia, sigue una planificación previa que afecta a todo el conjunto. El primer paso fue la adecuación de la pendiente natural del terreno rocoso, para crear dos grandes plataformas escalonadas en las que ubicar ambos edificios: la superior acoge la basílica, el espacio abierto y la estancia más meridional del palacio, mientras que el resto del edificio se extiende por la inferior. Aprovechando este recorte del plano inclinado original, se tallaron en la roca numerosos elementos de los edificios, como escaleras, basas de columna y pilares, basamentos de muro y, en algún caso se abrieron trincheras de cimentación. Dicha acción afectó a las estructuras anteriores, que fueron destruidas. Parte de sus sedimentos se usó para rellenar las cavidades e irregularidades de la roca.

El palacio está constituido por varias estancias que se comunican entre sí, configurando una especie de “L”. El eje principal está formado por una gran sala rectangular dispuesta de norte a sur, y dividida en su centro por una fila de columnas cuya base está tallada en la roca, con contrafuertes adosados a los muros; se trata probablemente del aula de representación episcopal, que a pesar de hallarse hoy muy expoliada puede restituirse por las improntas talladas en la roca. Al oriente de esta estancia se abre otro gran espacio de similares características y quizá en parte descubierto, al que se accedía por una escalinata también recortada en la roca. Al oeste de la gran aula episcopal hay un conjunto de estancias intercomunicadas y alineadas que la comunican con el exterior a través de un gran vestíbulo, flanqueado por el pórtico que da acceso a la plaza, situada entre la iglesia y el palacio.

Todo ello responde a un diseño previo y evidencia la magnitud de la intervención programada, que puede seguirse también por el resto del cerro. Todos los lienzos están construidos con mampostería irregular y algunos sillarejos, excepto las jambas de los vanos, que son sillares escuadrados en disposición vertical encadenados a veces con otros horizontales. En algunos lugares se ha conservado el revestimiento original de las paredes, un enfoscado de cal o yeso con restos de graffiti incisos e incluso pintura de color rojo.Toma Aula Palacio estatica 2

Este edificio parece tener funciones de representación, administración y residencia, semejante a los complejos palatinos de naturaleza episcopal que conocemos en Barcelona y Braga, sede de la corte sueva en los siglos V y VI, por citar algunos ejemplos. Su carácter monumental confirma esta hipótesis, y su estrecha vinculación con la basílica sugiere que podría tratarse del palacio episcopal de una nueva sede creada a finales del siglo VI: la Eiotana o Elotana. Esta nueva diócesis debió erigirse entre los años 589 y 610 –es decir, en los reinados de Recaredo (586-01), Liuva II (601-3) o Witerico (603-10)--, para administrar la parte de la diócesis de Ilici que permanecía en manos visigodas, puesto que el resto estaba en poder de Bizancio. De la misma forma, Begastri suplantó a Carthago Spartaria en la administración de sus territorios más occidentales.

La creación de una nueva sede episcopal emana directamente de la voluntad real y, desde esta perspectiva, la reviviscencia de Eio debió concebirse como una fundación regia casi ex nouo. Este acto responde al deseo de crear un centro urbano y episcopal acorde con los intereses toledanos, que de hecho mantendrá su carácter urbano y su importancia estratégica todavía un siglo más tarde, en el momento de la conquista islámica.

Alrededor del complejo, en especial en torno al ábside y en menor medida dentro de la basílica y a sus pies, han aparecido numerosas sepulturas de hombres, mujeres y niños, que se enterraron en el interior de fosas excavadas en la tierra o en la roca y cubiertas por losas de piedra. Se trata de cementerios ad sanctos, es decir cerca de las santas reliquias que guardaba la iglesia en su altar, que proliferaron al amparo de la creencia de que la proximidad transmitía parte de ese estado de santidad. Estos lugares de enterramiento eran privilegiados por definición y estaban reservados a las élites laicas y religiosas. 

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