Miércoles, 03 Septiembre 2014 08:17

La leyenda de la antigua kanisia

por Sonia Gutiérrez. 

En la casa de Aixa nadie permanecía ocioso y todos ayudaban con tareas de acuerdo a su edad y condiciones.  Aixa molía el cereal en el molino de mano que había en todas las casas, echando un ojo a los pequeños,  al tiempo que ayudaba a su madre,  Habiba, a cocer las tortas de pan en el tannur, el horno situado en el patio. Sus hermanos se ocupaban de los animales, recogían leña y estiércol, pastoreaban las cabras y ayudaban en las tareas  domésticas o agrícolas que estuviesen pendientes. En los periodos de actividad agrícola intensa, las mujeres trabajan con sus maridos en las huertas y los más jóvenes se ocupaban de preparar y llevar la comida según las indicaciones de su abuela. A Aixa le gustaban mucho las tardes de invierno, cuando las faenas agrícolas disminuían y se trabajaba en casa: su padre y sus tíos reparaban herramientas y trabajaban la madera, mientras que las mujeres tejían y hacían cestas y cacharros. Su tía Fátima era una buena alfarera y a Aixa le gustaba mucho ayudarla.  Su marido traía la arcilla del río que Fátima modelaba con ayuda de una torneta, creando resistentes marmitas que nunca estallaban en el fuego y útiles jarras para el agua. Aixa a veces la ayudaba a decorarlas y hacía pequeños juguetes para sus hermanos y primos. Pero Fátima no sabía hacer las grandes tinajas ni las complejas piezas que torneaba Said al-Jarrás, el tinajero, que tenía su taller junto a la casa de Fátima.  El padre de Aixa traía del zoco, de vez en cuando, unos bonitos platos y jarros vidriados en un brillante color verde, que según contaba Said al-Jarrás se fabricaban en Almería y Murcia. El mismo, de hecho, comenzaba a imitarlos con ayuda del vidriero.tannurmujer copia

El abuelo Muhammad ya era mayor para ir a la tierra y aunque su gran experiencia le hacía muy útil para el sostén de su familia, en las horas más calurosas del día sesteaba o acudía a visitar a sus vecinos y, en atención a su edad y porque le encantaba escucharlo, Aixa le acompañaba. Muchos ancianos se reunían en la plaza que había junto a la casa de su tía Fátima, donde estaba el alfar de Al-Jarrās.  El abuelo del alfarero, Qasi ibn al-Qutí, era muy anciano pero tenía una prodigiosa memoria y le agradaba contar historias que Aixa y los otros niños escuchaban con atención.

La que más le gustaba era la de la kanisia, la iglesia cristiana que según contaba el abuelo del alfarero, había estado justo donde ahora se reunían. Le gustaba sentarse sobre un muro curvo semienterrado que allí afloraba y que era, según decía, parte de su ábside, la habitación más preciosa donde había estado el altar y el trono del obispo cristiano. Qasi ibn al-Qutí contaba que fue una gran catedral, más bella aun que la mezquita mayor, que tenía grandes columnas, canceles labrados y bellas pinturas que representaban la vida de Isa, o Jesús como le llaman los cristianos, y de su madre Mariam. Él se acordaba muy bien, porque la conoció en uso. A su lado estaba la “casa del obispo”, un palacio que ocupó el primer gobernador musulmán que se instaló en la ciudad. Qasi recordaba que de niño aun se veían los muros de algunas estancias llenos de escrituras latinas que no podía leer y sobre las que algunos escribían sus nombres en árabe como recuerdo.esp13 copia

Su padre, Tudgut (a quien llamaban en su idioma Teudeguto) era un cristiano de noble familia, que poseía muchas tierras y tenía poder en la ciudad.  El mismo Qasi Ibn al-Qutí , “el hijo del godo”, apodado así por su padre, nació cristiano y fue bautizado en esa misma iglesia como Casius, en honor a su abuelo materno, el conde Casio, un importante señor visigodo. Al parecer Tudgut participó en las luchas que finalizaron con el Pacto entre el gobernador de la región (el noble Teodomiro o Tudmir como se le conoce en árabe)  y el conquistador Abd Al-Aziz Ibn Musa — Dios les ampare—  por el cual los musulmanes se asentaron en esta región. De acuerdo a ese tratado de paz, se respetó la iglesia al igual que las vidas y haciendas de los cristianos que allí vivían. Muchos siguieron practicando su religión libremente, como los judíos, y aun lo siguen haciendo, mientras que otros adoptaron paulatinamente la nueva fe.

— Ese fue mi caso –contaba Qasi Ibn al-Qutí- aunque me ocupé de que mis padres recibiesen sepultura según sus creencias cristianas, y yo habré de enterrarme junto a ellos mirando a la Meca en nuestra maqbara, el cementerio del norte, junto al camino, de acuerdo a mi fe, pues aunque soy musulmán quiero yacer junto a mis padres que fueron justos y creían, como yo en un solo Dios.  Yo respeté mucho a mi padre y aún conservo entre mis pertenencias su cinturón de soldado, con una hermosa hebilla labrada con aves, que no quiso  llevarse a la tumba como hacen los cristianos, y que me dejó para que recordarse que fue un hombre honrado que luchó con valentía.FIG. 4-MUERTOSjpg copia

Decía mi padre  —continuaba contando Qasi al-Qutí para deleite de todos—  que la iglesia brillaba como una joya por los cirios y las lámparas de bronce y vidrio que la adornaban, y que entre sus muros fue enterrado un hombre justo, un obispo, cuyas reliquias se llevaron unos cristianos a otra ciudad.  Las gentes piadosas y poderosas gustaban de enterrarse dentro y alrededor de su iglesia y aun hoy se encuentran huesos humanos que debemos dejar descansar en paz.  Su nieto Said Al-Jarrás, el jarrero, lo corroboraba al recordar como cuando se excavó la cámara de su horno, encontraron una tumba tallada en la roca que les obligo a correr el pilar de sostén. El viejo Qasi seguía contando que la iglesia era muy difícil de mantener y los cristianos la fueron abandonando. Pronto dejó de utilizarse y se arruinó. Las gentes empezaron a llevarse piedras, arcos y columnas para construir sus casas, mientras otros aprovecharon sus muros para vivir.FIG. 5-GRAFITOS copia

— Mi padre Tudgut  —Dios lo tenga en su gloria—  terminó sus días en ella, viviendo en una pequeña casa construida entre sus muros. Por ello, cuando se perdió la memoria del lugar y se enterraron sus ruinas, mi familia, siguió viviendo aquí, y así mi nieto Said pudo construir su alfarería sobre los restos del lugar donde habían bautizado al padre del padre de su padre.

Por fin, llegaba la parte que más le gustaba a Aixa, aunque siempre sospechó que el viejo la inventaba para deleite de sus oyentes.

— Mi padre me contó —decía Qasi Ibn al-Qutí— que él ocultó algunos objetos de la iglesia (parte de sus lámparas y las cosas que usaban los cristianos en sus cultos)  bajo el suelo de su casa, con intención de preservarlos.  Siendo joven excavé varias zanjas buscándolos, pero nunca los hallé. Sólo encontré tiestos, algunos muy antiguos decorados con bellos pájaros y lobos, varias monedas de bronce con las caras desgastadas de los reyes romanos y piedras con letras que no supe leer. Quizá los nietos de los nietos de mis nietos encontrarán lo que mi abuelo ocultó y recordarán esta historia, pero eso solo Dios lo sabe —concluía el anciano entre aplausos de sus oyentes.

Más tarde, al caer la noche, cuando Aixa se adormecía, le gustaba pensar que su casa la acunaba con las voces de todos los que allí habían vivido antes que ella, como aquella mujer rumí con la que soñó una vez y que se llamaba Helena Graeca…

 

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Sonia Gutiérrez Lloret es catedrática de Arqueología  en la Universidad de Alicante y miembro del Instituto de Estudios Albacetenses. Participa en las excavaciones de El Tolmo de Minateda desde 1988 y las codirige desde 1990.  Sus principales líneas de investigación se centran en el poblamiento, la edilicia y la cultura material altomedieval e islámica, así como en el proceso de islamización y la formación del temprano al-Andalus. Tiene publicados numerosos libros y artículos en medios especializados, entre los que destacan sus estudios arqueológicos sobre La Cora de Tudmir y sus reflexiones sobre la arqueología medieval y postmedieval. Participa habitualmente en reuniones científicas, exposiciones y seminarios. Ha dirigido diversos proyectos de investigación centrados preferentemente en la Antigüedad Tardía, al-Andalus y el medievo, entre los que destacan las excavaciones y puesta en valor del Parque Arqueológico del Tolmo de Minateda de la JCCM  y del yacimiento medieval de El Castellar de Elche con el MARQ, la participación en el proyecto Tusculum de la EEHA de Roma y en el estudio de los Pecios Sarracenos de Provenza con el L’Inrap. En la actualidad dirige un proyecto de investigación sobre  Espacios domésticos y vida social de la antigüedad al Medievo del MINECO.

 

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