Miércoles, 17 Septiembre 2014 08:21

Yo no lo vi, pero me lo contó uno que conocía a uno que era primo de uno que se hizo rico…

.por Blanca Gamo Parras. 

Entre los materiales arqueológicos que despiertan la imaginación y el deseo, las monedas son las reinas. Innumerables leyendas sobre tesoros escondidos, —a cada cual mayor y mejor— tienen, en algunos casos, una base real; en tiempos sin bancos (ni paraísos fiscales), las ocultaciones de monedas, normalmente en periodos de inestabilidad y conflicto, son los “tesoros” escondidos por alguien en la esperanza de volver más tarde a por ellos, que permanecen enterrados o emparedados hasta que el azar los saca a la luz siglos después.

Sin embargo la mayoría de las monedas que se encuentran en las excavaciones arqueológicas lo hacen junto a otros materiales (cerámicas, vidrios, metales, huesos…), y además de forma escasa en comparación con el resto; suelen ser monedas perdidas u olvidadas accidentalmente que nos hablan de las gentes que las poseyeron, las intercambiaron, olvidaron o perdieron. En el Tolmo de MInateda las excavaciones han deparado un interesante conjunto de diversas épocas que recogen un arco temporal desde el siglo II a.C. hasta momentos contemporáneos y son indicativas de las numerosas  frecuentaciones o visitas al cerro a lo largo del tiempo.

No obstante, para nosotros como historiadores (los arqueólogos hacemos historia usando, además de las fuentes documentales, los vestigios materiales dejados por nuestros antecesores) las más interesantes son las monedas aparecidas en contexto de excavación, ya que muestran un instante congelado y permiten extraer interesantes datos relativos a la circulación y capacidad económica o la mentalidad de las gentes que las usaron. Además son un importante indicador para poder fechar otros materiales, construcciones, arrasamientos, etc., ya que siempre proporcionan una fecha post quem, es decir, el hecho, edificio o pieza a fechar, siempre será posterior o como mucho contemporáneo a la emisión de la moneda.

El término moneda es latino. Su origen tiene que ver con uno de los epítetos de la diosa Juno, Juno Moneta (la que avisa) junto a cuyo templo se erigió la primera ceca de Roma, ad monetam (junto a la avisadora).

Sin embargo los romanos no fueron los primeros. Según Herodoto (I, 94). “…los lydios fueron, según nuestro conocimiento, los primeros hombres que acuñaron monedas de oro y plata”, y a ellos les siguieron griegos, púnicos y finalmente, ya en nuestro territorio, íberos y celtíberos.monedas1

Precisamente las monedas más antiguas encontradas en el Tolmo corresponden a emisiones hispánicas acuñadas en la oretana Cástulo (Cortijo de Cazlona, Linares, Jaén), una próspera ciudad, centro de la minería de plomo argentífero de Sierra Morena, situada en una importante vía de comunicación entre el Levante y el Sur (el camino interior o Camino de Aníbal que atraviesa la provincia de Albacete). Una mitad (o semis) acuñada entre el 80 y el 45 a. C., con cabeza masculina en el anverso y un toro parado y encima leyenda latina M·Q·F en el reverso, nos dice que se trata de una moneda emitida cuando la ciudad jienense ha pasado a formar parte de la órbita romana, algo que le sucederá al Tolmo de Minateda unos años después.monedas romanas2

También de esta época republicana, cuando se está desvaneciendo la cultura ibérica para tomar forma romana y latina, hay otros ejemplos, como los ases romanos republicanos que representan en el anverso al dios Jano bifronte y en el reverso una proa de nave; Jano era un antiguo dios del principio y del fin, padre de los dioses y señor de la guerra (inicio del conflicto) y la paz (fin del conflicto) por tanto muy apropiado en tiempos de conquista y expansión.

“El templo de Jano Quirino, que nuestros antepasados quisieron estuviese cerrado cuando  la paz se hubiera logrado con victorias, por tierra y mar, en toda la extensión de los dominios del  pueblo romano, por más que, antes de mi nacimiento y desde la fundación de la ciudad, sólo se conserva el recuerdo de su clausura en dos ocasiones, el Senado decidió por tres veces que debía ser cerrado, bajo mi principado. (Res Gestae Divi Augusti, 13, trad. Antonio Alvar Ezquerra). monedas romanas3

Este texto cuenta las gestas del emperador Augusto, a quien se dedicó la inscripción monumental de la entrada a la ciudad el año 9 a.C. (la que fue inaugurada el gran día relatado en esta misma serie), y a él corresponden algunas monedas del Tolmo como un as emitido en Carthago Nova (Cartagena) en la que el emperador porta una corona de laurel y se llama a sí mismo DIVI F[ilius], es decir HIJO DEL DIVINO (de Julio Cesar) una forma de reafirmar su legitimidad. La moneda además contiene los nombres de los duoviri quinquenales (Caius Varius Rufus y Sextus Iulius Pollio), es decir miembros de la élite municipal con cargo como eran los ilunitanos G. Grattio Grattiano y M. Fulvio Oveto.

(Continuará)

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Blanca Gamo Parras es Licenciada con Grado Geografía e Historia, con la especialidad de Arqueología, por la Universidad Autónoma de Madrid. Su carrera profesional ha estado estrechamente vinculada al proyecto de investigación Tolmo de Minateda, del que forma parte desde 1989 y codirige desde 1989. Es autora de varios libros y numerosas publicaciones, muchas centradas en el estudio de la época altomedieval en el Tolmo de Minateda y otros yacimientos albaceteños. En la actualidad trabaja en el Museo de Albacete, como técnica de Museo.

 

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