Sábado, 07 Marzo 2015 08:45

Tristeza

En la semana en la que muchos lloraron la pérdida de don Victoriano Navarro, otros se despidieron sin hacer ruido. El sacerdote se fue de este mundo en olor de multitudes, entre lágrimas y aplausos, y a buen seguro, con el orgullo de familiares y amigos tras contemplar esas muestras de cariño.

Pero como decíamos, en estos días otros se han marchado de forma callada, como el trabajo que realizaban. Nos referimos a un grupo de componentes de la junta directiva de la Asociación de Peñas de Tamborileros, que decidían dejar la misma por tener algunas desavenencias con el presidente.

No es la primera vez que ocurre una situación parecida en una asociación, ni seguramente será la última. Pasa hasta en los partidos políticos. Cuando alguien se entrega de forma desinteresada, dedica su tiempo, pero su trabajo no cuenta en la toma de decisiones, es cuestión de que llegue una situación grave que sirva de excusa para abandonar el barco.

Es una semana triste para Hellín. Muchos recordarán los momentos vividos con Victoriano y otros echarán de menos ese punto de cordura que todavía estaba presente en la APT. Ese punto que evitó alguna que otra situación comprometida, como hacían en tiempos de la antigua Roma, cuando en los Triunfos, el homenajeado desfilaba en una cuadriga acompañado por un esclavo, que, sosteniendo los laureles de la victoria sobre su cabeza, le recordaba constantemente la fórmula “Respice post te, hominem te esse memento” (Mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre).

Lamentablemente no han podido impedir otros momentos “gloriosos”, como alguna intervención desafortunada, los posados fuera de contexto, o algún acontecimiento que se nos viene encima, como el intento, o mejor dicho, el pago, para entrar en el libro de los records, justo al lado del hombre que más pinzas de la ropa es capaz de colgarse en su rostro.

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