Martes, 17 Marzo 2015 08:12

SOS Castellar de Sierra. Nuestro patrimonio pide auxilio

Lleva siglos observando parte de los Campos de Hellín y buena parte de las gentes que los habitan hace tiempo que la ven pero no la observan. La torre del Castellar de Sierra, el único vestigio visible a kilómetros de distancia de lo que fuera un importante asentamiento medieval, corre serio peligro de desplome.

Tras varios arranques infructuosos por parte de las administraciones competentes para acometer una consolidación, ahora los vecinos más cercanos, los que habitan la pedanía tobarreña de Sierra, han comenzado a movilizarse para exigir su salvaguarda.

La torre es uno de vestigios islámicos más interesantes de los conservados en toda la provincia de Albacete. Hoy permanece solitaria en lo alto de un cerro, entre Sierra y Cordovilla, junto al que discurría la que en tiempos de Roma se llamó la vía Complutum-Cartago Noua, y que durante siglos, antes de la construcción de las actuales carreteras, fue el paso natural entre la Meseta y las costas murcianas.

Sabemos, por los restos que todavía hoy se pueden observar a simple vista, que la torre formaba parte de una pequeña fortaleza, que defendía un asentamiento con viviendas, almacenes, o aljibes, algunos de los cuales cualquier visitante todavía puede atestiguar. Hay incluso testimonios, Bernado Espinalt así lo indica en el Atlante Español de 1778, de que al menos otra torre de este sistema defensivo aguantó en pie hasta finales del siglo XIX.DSC00353

Es indudable que el paso del tiempo, los fenómenos atmosféricos e incluso los geológicos, han propiciado que el estado de conservación de las estructuras conservadas en este lugar sea cada vez peor. También la mano del hombre es patente en esta situación cada vez más grave. La famosa torre del Castellar ha sufrido en las últimas décadas numerosas agresiones. Convertida en refugio habitual de algunos desaprensivos, sus paredes muestran decenas de pintadas como recuerdos de la estupidez de sus autores.

Cuatro paredes que desafían además la gravedad. Enormes grietas e incluso grandes huecos en los paramentos y en la cimentación convierten en milagro que todavía hoy pueda observarse desde muchos lugares de la comarca. No hay que olvidar que se construyó, seguramente a finales del siglo X o principios del XI empleando el tapial, esa antigua técnica consistente en construir muros con tierra arcillosa húmeda, compactada a golpes, y empleando un encofrado para formarla.

Promesas incumplidas

En el verano de 2006 la Diputación de Albacete aprobó una ayuda de 6.500 euros del Programa de restauración del patrimonio histórico-artístico, para iniciar la consolidación del Castellar de Sierra. Un presupuesto que cubría el 65% del proyecto solicitado por el Ayuntamiento de Tobarra para iniciar una primera fase de restauración de la torre cuyo total se presupuestó en 60.000 euros.

Esos trabajos, que deberían haber consistido en consolidar la base y reforzar y proteger los paramentos, para frenar su deterioro, nunca se realizaron. Casi diez años después no se ha invertido ni un solo euro en este importante yacimiento, y es bastante probable que las mismas actuaciones, hoy, se hayan encarecido puesto que las patologías que presenta el monumento son cada vez más evidentes.

Ni siquiera el hecho de que el yacimiento esté catalogado como BIC, como ocurre con todos los castillos, fortalezas y murallas, ha hecho mella para que las instituciones encargadas de velar por nuestro patrimonio arqueológico pongan cierto interés en él.

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Desde hace unos meses la Asociación de Vecinos de Sierra, preocupada por el evidente y paulatino deterioro, ha comenzado a realizar acciones para difundir, valorar y reivindicar su salvaguarda. Hace unos meses organizaban una charla en la que Juan José Villena ponía en valor el enclave y su historia, y han comenzado a realizar visitas periódicas a los restos para documentar gráficamente el estado de las estructuras.

Hace unos días daban la voz de alarma porque tras el terremoto del pasado 23 de febrero las grietas que venían observando se habían hecho más visibles. Por ello, si cabe, han comenzado a movilizarse para que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto y de una vez por todas pongan los medios necesarios para su consolidación y posterior puesta en valor, anunciando movilizaciones en el caso de que no observen voluntad política.

Quizá ahora sí, y gracias al amor de las gentes por su pasado más cercano, se pueda frenar el, por otra parte, imparable e inevitable deterioro de estos restos, esos que los lugareños hace décadas conocías por las “zorreras” –los aljibes- y la “chimenea” –la torre-, en las que se fotografiaban tras comerse la “mona” en sus visitas de Pascua.

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