Miércoles, 18 Septiembre 2013 10:23

Aprendiendo a encontrar nuestros orígenes

Desde el pasado 14 de septiembre, unos veinticinco alumnos aprenden los rudimentos técnicos y prácticos de la Arqueología, al tiempo que contribuyen, con su esfuerzo físico, a continuar las labores de investigación de Cueva Blanca, un interesante yacimiento prehistórico que comenzó a excavarse en 2008.

Todavía no ha amanecido en Agramón y ya se escuchan trasiegos de bolsas y pisadas de botas en los pasillos de “La Escarihuela”. Después del desayuno, una parte importante de los alumnos y del equipo investigador del Proyecto partirán hacia Cueva Blanca, para continuar las labores de excavación. El resto se quedará haciendo el farragoso trabajo de laboratorio o, como dicen en el norte, de gabinete: la limpieza, inventario y clasificación de los materiales recogidos en el campo.

Para muchos es la primera vez que se enfrentan a una excavación. La mayoría de los alumnos supera los 30 o los 35 años. Estudian en la UNED una licenciatura para todos vocacional y que, por diferentes circunstancias, no pudieron comenzar antes. Para Alberto Mingo, director del curso y del proyecto de investigación, resulta gratificante enseñar a gente tan implicada y con una vocación tan marcada.

Algunos de ellos son conscientes que no ejercerán profesionalmente como arqueólogos. Ya se dedican a otras cosas, y utilizan su tiempo libre para continuar aprendiendo. Otros si se forman con la idea de desempeñar posteriormente la profesión, aunque sabedores de la complicada salida de la Arqueología en el actual mercado laboral.

cueva blanca 2Esta disciplina, que alcanzó su boom en cuanto a número de arqueólogos en activo a principios de los 2000, vive momentos de incertidumbre. Para la Arqueología la crisis no ya es sólo económica, es casi de identidad. Con el auge de la construcción se multiplicó el número de intervenciones preventivas y de urgencia relacionadas con este sector, por lo que el estallido de “la burbuja” ha salpicado a miles de arqueólogos. Ni siquiera los proyectos de investigación se han salvado. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, apenas se ha excavado en los yacimientos y Parques Arqueológicos desde 2010, mientras que en campañas anteriores se llegó a intervenir en más de una treintena de ellos. En la Comunidad Valenciana o Madrid los proyectos de investigación arqueológica, salvo contadas excepciones, llevan más de un lustro durmiendo el sueño de los justos.

Cueva Blanca es uno de los pocos yacimientos en los que las herramientas volverán a sonar este año en nuestra región. La coartada, si se me permite la expresión, es la celebración del curso. Bienvenidas sean estas iniciativas si son la única fórmula posible en estos tiempos de que los proyectos tengan continuidad y de formar a unas generaciones de nuevos arqueólogos que cada vez tienen más complicado formarse en el campo.

El proyecto arrancó en 2008, después de que dos años antes, en el marco de un estudio sobre el Abrigo Grande de Minateda, se descubriera Cueva Blanca. Aquí se documentaron varias figuras muy deterioradas de arte rupestre, y enseguida se intuyó la potencialidad del sitio, puesto que tenía niveles estratigráficos que podían ser excavados. Tras solicitar los permisos, los trabajos se iniciaron en el otoño de 2008, continuando al año siguiente. En 2010 el proyecto amplió sus miras, y se intervino en el yacimiento de Pico Tienda III, algo más al sur. Ahora han decidido retomar Cueva Blanca, que en realidad es más un abrigo, buscando indicios para conocer mejor cómo vivían los habitantes de estas tierras entre el Mesolítico y el Neolítico Inicial, hace aproximadamente unos 7000 años.cueva blanca3

En principio se buscaba la relación de este emplazamiento con el cercano Abrigo Grande, distante apenas unos cuatro kilómetros en línea recta, pero pronto el proyecto se ha centrado en el estudio del poblamiento en esta época, hasta el momento muy poco conocido. Se trata de una investigación a largo plazo, o al menos ese es el pensamiento del equipo, que continuará los trabajos aquí una semana más tras la finalización del curso el próximo sábado.

El equipo, dirigido por Alberto Mingo y Jesús Barba, cuenta, entre otros, con José Antonio Galante, Javier Hernández o Estrella Palacios. Ninguno cobra un salario por este trabajo. La investigación, lejos de reportar beneficios económicos, les cuesta en ocasiones dinero de sus bolsillos. Ahora no sólo intentan encontrar nuestros orígenes, también enseñan cómo hacerlo a nuevos interesados.

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