Jueves, 09 Abril 2015 17:16

Obviedades atemporales de Pascua de Resurrección

Antonio Cabezuelo nos remite esta colaboración para esta sección de El Objetivo de Hellín en la que realiza varias reflexiones sobre la pasada Semana Santa:

Me gustaría empezar estas líneas con un aviso al lector: lo que van a leer, les resultará en ocasiones tan evidente, que pudiera ser irreverente que deba ser reseñado. Sin embargo la experiencia obliga; un año más el mismo deja vù ronda mi cabeza, en esta semana en la que el alma, resacosa de vivencias, se debate en un cruce de sentimientos encontrados. La nostalgia por lo que tanto se espera y tan rápido se pasa y la frustración por haber descubierto cómo las mismas carencias y defectos siguen año tras año llenando de nubes una Semana Santa en la que ha brillado tanto el sol.

Arrancadas de caballo andaluz, y paradas de burro manchego. Durante una semana la comidilla de cada tertulia, de cada café, de cada conversación entre amigos será la Semana Santa y la indignación ante los problemas que se han presentado. Se nos ocurrirán decenas de soluciones a los problemas que hemos vivido. Soluciones que vendrán siempre de la mano de otros. Porque no nos engañemos, se nos da mucho mejor el victimismo que la autocrítica. Más cómodo, más llevadero, más reconfortante. A medida que pasen los días, esta indignación tornará en la característica apatía hellinera. Porque somos apáticos, no nos gustan los cambios, por mucho que estos puedan ser a mejor. Poco nos importa la calidad editorial de la revista Redoble, o el engalanamiento de las calles.

Poco hablaré del tambor este año, ya que por primera vez en mi vida, debo reconocer que no lo he tocado ni un minuto en toda la Semana Santa, sin embargo no pasaré por alto la mención obligada al intento por conseguir el Record Guinness a la Tamborada más numerosa del mundo. Entre los aspectos positivos he de destacar la multitudinaria participación y lo impresionante que se veía la Calle El Sol, así como que al final fue bastante menos intrusivo con la tamborada de lo que pensaba (lo que por otra parte le costaría la certificación “oficial” de la empresa), sin embargo no se consiguió el impacto mediático que cabría esperar y se esperaba. Un aplauso para su organizador, Javier Portaña, por dar la cara. La parafernalia alrededor del mismo y otras actitudes vistas a lo largo de la semana en algunos miembros de la junta directiva de la Asociación de Peñas no hacen sino deslucir un colectivo que desde que dejara Encarnita Onrubia su presidencia va de mal en peor.

Agridulce sabor me dejan las procesiones este año, amargo incluso en algunos momentos. Del soleado Domingo de Ramos hemos de sacar el siempre alentador mensaje de que hay cantera; ya lo creo que la hay, centenares de niños repartieron ilusión y caramelos con una sonrisa perenne por las calles de nuestra amada ciudad. El buen tiempo el Martes Santo nos hacía preveer, y no nos equivocábamos, que la falta de público no iba a ser un problema este año en los desfiles procesionales (porque a la gran mayoría, con franqueza, llamarles procesiones me cuesta). Buena tarde en líneas generales la de Miércoles Santo, con la procesión dentro de unos ritmos lógicos y tiempos mejor gestionados que en otras ocasiones para agradecimiento de los costaleros, que con buenos ojos veían menos parones que otros años. Poco importa que se hable de la necesidad de concienciar, de aumentar la presencia de cubones y papeleras en nuestras calles, o lo conveniente de llevar una bolsa en el zurrón para ir guardando los desechos. Las calles un año más daban asco y vergüenza. Me pregunto qué sensación tendrá el turista cuando vea por primera vez a Jesús cargando con la cruz entre el aroma a orín y el pasillo de los botes de cerveza. Nefasta imagen que ningún año hacemos esfuerzo alguno por, ya no erradicar, si no mejorar.

La Procesión del Silencio demostró que su formato actual es caduco. Cortes inasumibles y una imagen lamentable en los aledaños del Jardín Martínez Parras marcaron la que en tiempos mejores era una de las procesiones estrella en Hellín. ¿Quiere esto decir que la procesión está muerta? Como espectador de la misma en la Calle De Eras reconozco que el desánimo me invitó a pensar en ello en principio, pero la lógica me dice que no de manera rotunda. Entre dejarla seguir muriendo o romperla, está la opción de reformarla con sentido común; sesenta y siete años de historia no son baladí. Reformas valientes son las que requiere, cambios drásticos en su horario, itinerario, e idiosincrasia del cortejo. Un recorrido que empiece y termine en Capuchinos y en el que todas las imágenes pasen por las mismas calles es perfectamente viable. Algo que no solo agradecerían los cofrades de la Santa Cena, que acaban su procesión de forma más que discutible, sino también los costaleros de Nuestra Señora del Dolor, cuyo paso por las callejas más angostas es tan espectacular como complicado y lento.

No me voy a andar con paños calientes, a título personal hubiera suspendido la Procesión del Calvario. El retraso en la subida invitaba a pensar que el día no prometía mucho, y la bajada no vendría si no a confirmarlo, con más de una hora de retraso en varios momentos con respecto al horario acordado por las cofradías. Es realmente frustrante ver como la cabeza de la procesión no puede andar, y varios centenares de metros más adelante los clareos son evidentes. Esta procesión necesita de un ejercicio de responsabilidad, y de autoridades que no miren para otro lado. La valentía suele premiar a los que se atreven con cosas distintas, y entre que la policía no intervenga y emplee la violencia, hay un amplio abanico de posibilidades en los que intervenir y mejorar la fluidez de los tamborileros, como ayudar a retirar a gente que no se encuentre en condiciones de caminar por su propio pie, sancionar a quienes entren a calles estrechas con bombo, instar a caminar a quienes se pongan a tocar el tambor parados o de espaldas, o prohibir el acceso a las calles del recorrido a medida que se aproxime la procesión. Muchos de los problemas de nuestra Semana Santa se solucionarían con una junta Pro Semana Santa en la que hubiera personas encargadas de velar por las tamboradas, representantes del ayuntamiento, asociación de cofradías, cuerpos de seguridad, etc. No toda la culpa va a ser de los que van delante; accidentes como el sufrido por la Hermandad de la Oración del Huerto (benditas patas…) son un toque de atención para que reflexionemos sobre el peligro que entrañan algunas de nuestras tradiciones y la enorme responsabilidad de costaleros y quienes participamos en las procesiones. ¿De verdad son necesarias las botellas de orujo o whisky que varias hermandades comparten con sus miembros en el Camino de las Columnas? No lo creo.

No se me ocurre otro calificativo distinto a magnífica para la organización de la Procesión del Santo Entierro. El engalanamiento de las calles dignificó sobremanera un cortejo ya de por sí solemne y sentido en el que no hubo cortes ni parones. Creo que junto a la Procesión Antológica del Año de la Fe, el Santo Entierro del Año 2015 es la procesión más espectacular que ha visto Hellín en años. Todo ello acompañado de la presencia en la Presidencia de la Presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha. Me da igual que se llame María Dolores de Cospedal, en el pasado José Bono o en el futuro de nuevo María Dolores de Cospedal, Emiliano García Page, o cualquier otro que venga. Cuando la máxima autoridad civil de Castilla La Mancha preside la que tradicionalmente ha sido la Procesión Oficial de la Semana Santa de Hellín, lo hace el cargo y no la persona o el partido, y más allá de la sospechosa coincidencia de que estemos en año electoral, hemos de recordar que procesiones y elecciones hay en toda Castilla La Mancha.

Por primera vez en muchos años el Encuentro entre la Dolorosa y el Resucitado fue a las 11 en punto, como debiera ser siempre, lo que pilló a muchos “en fuera de juego” y no dudaron en cruzarse entre los nazarenos de dichas hermandades cuando bajaban hacia el recinto ferial, viviéndose momentos bochornosos de auténticas faltas de respeto. El vallado en dichas calles se antoja imprescindible. Sobre la eterna subida poco se puede comentar que no se haya dicho de la bajada del Calvario; se agradece, eso sí, que las bandas vayan apostando por composiciones más apropiadas para este día en su repertorio, y que cada vez sean más las hermandades que aún llevando un paso más alegre que en otras procesiones, eviten los bailes excéntricos. Cuestión aparte es la falta de respeto con la que se vive esta procesión, tanto por parte del público, como en ocasiones desde dentro. La alegría inherente al Domingo de Resurrección no puede convertir una procesión en una charlotada de carnaval o una cabalgata de feria. Qué duda cabe de que es un día para petaladas, vivas, y aplausos, pero todo lo que exceda estos límites no debería ser valorado ni agradecido por organizadores, nazarenos, músicos ni costaleros. Basta ya del choque de palillos al paso de las imágenes, no estamos en las Turbas de Cuenca si no en la Procesión del Encuentro de Hellín, basta de gritos que nada tienen que ver con una procesión, que no olvidemos que es una manifestación de fe. El que no la viva así, al menos debería saber respetar al que sí lo haga. No puede ser que a las 11:30  forme la banda que abre filas y a las 5 de la tarde llegue la cabeza de la procesión, por masiva que sea la participación. No conozco ningún manifestación popular en la que no haya unas normas mínimas, excepto la tamborada de Hellín. Sin embargo, y en un ejercicio de honestidad, visto el final de la procesión, no dudo en que si no hubiera tapones delante, esta procesión tendría unos problemas similares a los que tiene la del Jueves Santo, pero esto ya es hablar de situaciones hipotéticas.

Un aplauso para el comportamiento de la gran mayoría de fotógrafos acreditados, y “un pescozón” para los pocos que se creen que por llevar una cámara colgada al cuello, ancha es Castilla. Resulta que los que más desapercibidos pasan, ponen con mayor facilidad su material a disposición de los hellineros y la Semana Santa, me gustaría saber que destino tienen las de quienes  no se quitan de delante del trono.

Por cierto, me agrada que la Asociación de Cofradías se preocupe por el más mínimo detalle del patrimonio de las hermandades de nueva creación, pero esta inquietud ha de verse reflejada también en las hermandades ya consolidadas. No debería valer todo en una Semana Santa declarada de Interés Turístico Internacional, por muy buena que sea la voluntad con la que las cosas se hagan.

Como no terminar estas reflexiones “en voz alta” sin aplaudir la valentía de las bandas. Lección de pundonor, categoría y casta del colectivo más olvidado, y sin embargo fundamental, de la Semana Santa de Hellín. El cumplimiento de su “pacto de caballeros”, a pesar de quedarse sin tocar marchas que les ha llevado meses preparar en especial para ese día, es un canto al cambio, a la perseverancia, a que no todo valga. Porque amamos la Semana Santa de Hellín, y no queremos verla encaminada a un futuro incierto, este año más que nunca hemos de arroparles y estar con ellos. Fueron unos valientes. Solo Dios sabe si el resto también sabremos serlo.

Antonio Cabezuelo

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