Jueves, 23 Abril 2015 09:50

Resonancia magnética de la Semana Santa (1ª parte)

Gonzalo Tomás Pintor nos remite una primera parte de su análisis personal de la pasada Semana Santa. Un texto que transcribimos a continuación:

La Procesión del Silencio, sin lugar a dudas, bajo mi punto de vista, ha sido la mejor procesión que se ha visto este año en Hellín. El discurrir por López del Oro, resultó esplendoroso. Todas, todas las cofradías procesionaron con un orden, un empaque y una categoría dignas de todo elogio, cada una con su estilo, su música… impresionante. Su paso por el Rabal, antológico, emocionante, como nunca la había visto, que señorío, que calidad.

Comentan por distintos medios, que a partir del Rabal, la misma se convirtió en un “sufrimiento” para la Cofradía de la Virgen del Dolor, que una vez más por la incompetencia de los que “organizan” no supieron poner los medios (no es tan difícil), para que esto no ocurriera.

Lamentable lo ocurrido en los aledaños del Jardín Martínez Parras, por parte de los responsables de la Asociación de Cofradías y Hermandades, que a lo visto desconocían que la procesión no debía romperse, si no que continuaba en formación hasta mediado la calle Sol.  Nada más entrar el Ecce Homo en Melchor de Macanaz, el Sr. Presidente, Paco Juárez, mandó callar a la Unión Musical Santa Cecilia (me pregunto yo a cuento de que). El Prendimiento, que había bajado a Capuchinos, ya se encontraba en ese punto y tuvo que ser parado por la presidenta de la Virgen del Perdón, para que no interrumpiese la procesión, en definitiva un desastre organizativo.

Se lee por ahí: “una procesión que empiece y termine en Capuchinos”.

Que yo sepa, siempre ha sido así; pero resulta que en los últimos años, aquello de llegar a Capuchinos, independientemente de la odisea, de tener que cruzar con las imágenes, Melchor de Macanaz, sin ninguna seguridad (ni señales, ni guardias, ni nada), (este año si había un agente), el llegar y tocar la puerta y salir corriendo, como si se tratase del juego del “pillado” (luces apagadas, puertas cerradas, nulo personal organizativo, no resultaba muy apetecible. No creo que ninguna cofradía se negase a bajar a Capuchinos, si se esperase a la Virgen dignamente.

Ya, aquello de que todas las imágenes, procesionen por el mismo recorrido, entiendo que va enfocado a la aparición de la Santa Cena; con tantos medios de comunicación, tantas tertulias sobre Semana Santa y que todavía no sepamos a ciencia cierta que fue antes la “gallina o el huevo”, que equivale a preguntarse: ¿se realizó esta imagen con esas dimensiones con el consentimiento de la Asociación de Cofradías? ¿La cofradía de la Santa Cena

“pasó” de las recomendaciones de la ACH, y realizó este paso como quiso? Ubicados en esta tesitura, no tengo más remedio que recordar a nuestros antepasados: ¿qué cara pondría Coullaut Valera, cuando le encargaran El Prendimiento. La Oración del Huerto,  o el Resucitado, sobre una base enfocada a las dimensiones del estrecho de Franciscanos? O  los tronos de Paco Caza? O los de Jandri Barra, o el de San Pedro de la Empresa Jumasan .

Pues bien, toda esa coordinación que se respetó durante tantísimos años se desplomó con la aparición de la Santa Cena. Hubo que prescindir de la calle Mesones y San Antonio y en un principio también de Portalí, Franciscanos, etc… ¿qué se pretende o insinúa ahora; amoldar un recorrido nuevo enfocado a las dimensiones de la Santa Cena, sin que importe para nada la historia de esta procesión, la solera y tradición de sus calles.

El discurrir de la Virgen del Dolor por, Portalí, Silvela, Franciscanos, etc. comentan que es lento y de mucho sufrimiento para los costaleros, pero a la vez aporta los momentos más maravillosos de nuestros desfiles, aunque es verdad que habría que erradicar la obsesión de nuestros dirigentes con la palabra PRISA y más PRISA.

Gonzalo Tomás Pintor

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