Lunes, 23 Septiembre 2013 08:44

La última oportunidad de la Monarquía: la abdicación del Rey.

Creo firmemente que una persona debe jubilarse no a la edad prefijada por el sistema de la Seguridad Social, sino cuando ya no puede desarrollar su trabajo con la eficacia y capacidad física necesarias debido al inexorable paso del tiempo y a la merma de las condiciones intelectuales. Este momento puede coincidir con los 65, con los 70 o con los 80 años, o a lo mejor a los 60, con lo que constituye un caso de incapacidad laboral y no de jubilación.

D. Juan Carlos I, Rey de España, ha tenido una azarosa vida en todos los sentidos. Educado por Franco, supo conseguir la confianza del Dictador para que le nombrara heredero y rodearse de las personas idóneas (especialmente Suarez, Fernández Miranda, el general Gutierrez Mellado y el cardenal  Tarancón) para realizar la Transición de España a la Democracia, que fué modélica en todos los sentidos, y de la cual se aprovechó una oposición que no existía, salvo la del Partido Comunista, cuyos componentes se jugaron la vida en universidades, fábricas y calles, mientras los seguidores del Partido Socialista (salvo honrosas y escasas excepciones) estaban en sus casas sin saber que algún día controlarían el poder. Tampoco se jugaban la vida los componentes de los partidos nacionalistas vasco y catalán, ya que pertencían a la oligarquía económica de ambas regiones que había sido beneficiada por el régimen franquista hasta límites vergonzosos. Gracias a D. Juan Carlos, toda esta oposición de opereta medró en la política nacional desarrollando las características del régimen que al monarca le convenían y a la vez creando, junto con el Partido Popular, las estructuras de poder que nos han llevado a la actual  situación de falsa democracia y corrupción generalizada en todos los ámbitos de la Administración.

A partir del décimo año de reinado aproximadamente, D. Juan Carlos sufrió la misma enfermedad de sus antepasados borbones: creyó que España era su finca particular. Amasó una gran fortuna de la que no se sabe su origen, ya que cuando Franco lo trajo a España no tenía ni un duro, siendo pagados todos sus gastos por el Estado falangista y requeté. Hábilmente manejada por sus amigos financieros (Prado y Colón de Carvajal, etc...) la multiplicó como el milagro de los panes y los peces, siendo ahora mismo uno de los hombres mas ricos de España. Los grandes propietarios de fincas de caza en España y en el extranjero se arrastraban detrás del monarca para que matase sus mejores ejemplares de venado, corzo, jabalí, elefante, etc… con el fin de ser beneficiados en sus aspiraciones de hacer buenos negocios en el suelo patrio. Desarrolló todas las características que hicieron famoso a su abuelo Alfonso XIII como "bon vivant": gusto por la buena vida, por los deportes de la nieve, por las mujeres despampanantes, por la conducción de motos y coches a velocidades que impedían a sus guardaespaldas seguirle para cumplir su función, por las regatas y  las travesías en yates de lujo,  etc.

Pero el chollo se acabó. La tremenda crisis económica que sufre España desde 2007, la corrupción desmesurada de la clase política y de algunos familiares del Rey, y los tremendos derroches de la casa real han abierto los ojos a multitud de españoles y han provocado que se derogara una ley no escrita que atenazaba una parte importante de nuestra libertad: ya se puede hablar del Rey y de su familia, y se pueden criticar sus actos y sus acciones y omisiones. Muchos españoles, entre los que me encuentro, que eran juancarlistas (no monárquicos) en 1978 y que votaron la Constitución convencidos de estar bien dirijidos por D. Juan Carlos I y por Adolfo Suárez, han cambiado ahora su actitud y preferirían elegir un Presidente de la República cada 8 años, cuyos gastos estuvieran bien controlados por el Tribunal de Cuentas y que no considerase a España de su propiedad.

El deterioro físico y político que ha sufrido la persona y la imagen del Rey ponen en peligro a la misma Monarquía que está ahora en sus más bajos índices de popularidad. Corre el peligro de que en la próxima reforma constitucional se implante la República y que toda la familia real tenga que mudar su residencia a Estoril, de donde nunca debieron salir. Yo votaría sí a esta reforma.

La única alternativa que tiene la Monarquía española es la abdicación inmediata del Rey y la subida al trono del Rey Felipe VI, que parece que ha aprendido bien la lección de cómo no hay que reinar y podría ser incluso un buen Presidente de la República. Aunque opino que su mujer debería aprender modales y comprender que, si no quiere volver a ser la chica mona del telediario con un salario mas bien bajo, debe dedicarse en cuerpo y alma a España, y a acompañar a su marido en la representación más alta del pueblo español, ya que por eso tiene el puesto de trabajo asegurado para toda la vida y cobra un buen sueldo que pagamos todos los españoles, cosa que no ocurre con la mayoría de los ciudadanos. ¡Aunque la mona se vista de seda...!

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