Viernes, 24 Julio 2015 11:31

Ambiente Chill Out. Entre pinos y pitos

Cuando llega el verano, y más como el de este año tan caluroso, para defenderme de las agresiones del astro rey procuro permanecer en la sombra todo el tiempo que puedo esperando pacientemente a que las horas transcurran y que en su transitar se lleven a empujones el sol, con el fin de que vaya a calentar otras latitudes más occidentales.

Al ir declinando el día, al igual que golondrinas y murciélagos, salgo al exterior acudiendo a la llamada del fresco del anochecer y buscando entre el velo del ocaso la tranquilidad de algún lugar al aire libre donde poder tomar una copa en compañía de agudos contertulios, o simplemente conmigo mismo.

Con esas condiciones mencionaré de entre tres o cuatro lugares, pues pocos mas hay en Hellín, uno por su especial enclavamiento y entorno nutrido de jardines, y arbolado.

El nombre de ese lugar es la “Terraza La Sal”, y se ubica en el interior del Parque Municipal de Hellín. Es un sitio bastante bien concebido en su idea y mejor materializado, donde se ofrecen los servicios propios de cafetería así como también se realizan manifestaciones de arte y otros entretenimientos.

En uno de tres sus accesos, el principal, un cartel anuncia que allí nos encontraremos en un ambiente chill-out; o sea un espacio consagrado al relax donde prima la tranquilidad y donde la música del genero chill-out (de ahí nace el término) nos regalará los oídos con composiciones armoniosas y relajadas con raíces en el blues y el jazz. Todo ello favorecido por una iluminación, ornamentos, y accesorios propios de estos lugares.

Mes de Julio de 2.015. Acudo por este lugar alrededor de las 20,15 h. y tras pedir un refresco en la barra me dirijo a una mesa de la terraza. Todo estupendo, sentado entre pinos, fresquito, y amenizado por buena música ambiental, cuando de manera súbita me sobresalto al percibir por mi oído derecho unos quince irritantes y repetitivos pitidos que pudieran asemejarse a los primeros compases de la “Canción para Elisa” de Beethoven.

¿He dicho repetitivos pitidos? ¡No! Lo siguiente. Pues en un minuto se escucha ese ruidoso sonsonete unas doce veces, y además a un volumen que supera en mucho los niveles acústicos de la música que suena en la Terraza.

Puesto a indagar la procedencia de tan aberrante y machacón ruido, resulta provenir de un mecanismo o máquina alojado en una atracción para niños; situada ésta en terrenos del jardín municipal, a unos 60 metros de distancia en dirección Este del lugar en que me hallo.

Esta cencerrada acústica, al parecer, perdura en el tiempo desde primeras horas de la tarde hasta casi las 22 h. de todos los días. Y ¿por que no? quizás no estaría de más que algún experto analizase la repercusión emocional y/o el potencial daño que dicha estridencia pudiera ocasionar en la psique de los niños que acuden a utilizar la atracción.

Asumida la realidad del momento intento balancear el volumen de captación de mi oído derecho, con el fin de subir sensibilidad en el izquierdo, a ver si así mitigo los pitos en favor de la música ambiental. 

Inmerso en este ejercicio, y cuando ya empezaba a saborear sus resultados, percibo el barruntar de otra agresión acústica, en esta ocasión por el oído izquierdo. Pero esta vez el ruido era perfectamente identificable, pues se trataba de un heterogéneo y anárquico resoplar de pitos, aderezados con retumbe de tambores, producidos a unos 75 metros de distancia al Oeste de mi ubicación.

Estos eran producidos por una banda de cornetas y tambores de Semana Santa, ejecutando las tareas musicales impuestas por sus profesores, también conocidas como “los ensayos”, los cuales se vienen realizando prácticamente todos los días del año.

La duración de este “ensayo” viene a ser de algo mas de una hora, por lo cual a las 22 h. más o menos, cesa en su actividad.

Y yo me pregunto ¿es necesario ensayar tantas horas para desfilar unas doce ocasiones como mucho, entre los días de Semana Santa y otras fiestas?

Porque según me cuentan, este tipo de bandas, suelen ensayar unas 600 horas al año; algo que desde mi ignorancia en el tema me parece exagerado, máxime si se compara con las 1.100 horas, aproximadamente, que parece ser que dedican al ensayo y al estudio individual los miembros de una orquesta sinfónica como la Filarmónica de Berlín.

Bueno, continuando con la crónica, aquí se podría decir que ya acabaron todas las contaminaciones por pitos...… ¡pues no!

En este momento hacen aparición las figuras de los sopladores de pitos autónomos.

Estos personajes se corresponden con algunos integrantes de la banda que, acabado el ensayo y habiéndoles sabido a poco, persisten en su labor y continúan insuflando aire a las cornetas para deleitarnos con prolongados pitidos que se perciben como quejidos o desgarros del propio metal del instrumento, dolorido por el trato al que se le somete.

Es curioso observar como estos pitidos son proferidos con un intervalo y una duración “in crescendo”, y de manera directamente proporcional al numero de personas del genero femenino que se halle en las proximidades de estos interpretes, como si se tratara de la llamada o cántico ritual del macho en un cortejo sexual arborícola.

En resumen, entre las 20,15 h. y las 22,15 h. mi sentido auditivo se encuentra atrapado por un nuevo sonido, o genero musical que no se definir muy bien, pues me resulta bastante difícil combinar y asimilar la mezcla de unos pitidos largos de corneta, sazonados con “palillazos” de tambor, al tiempo que el ruido penetrante y cansino de la atracción, y todo al unísono junto a los acordes de un blues de Eric Clapton.

En esa franja horaria todo no es el negativo cúmulo de agresiones al tímpano que he referido, pues las vistas y aromas entre pinos que se disfrutan en la Terraza, sumadas a la fresca brisa que te envuelve, resultan aspectos muy agradables y gratificantes para el resto de los sentidos.

Resulta obvio decir que a partir de las 22,00 h. el sitio recupera con fuerza su ambiente chill-out vilmente contaminado, y secuestrado a la fuerza, por efluvios pastoriles ajenos a la propia esencia y concepción de la Terraza La Sal. 

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