Martes, 18 Agosto 2015 19:45

Gala de erección

Lo peor que te puede pasar en la vida es que hagas algo negativo, aunque sea un error y lo admitas, y la gente que te rodea lo tome por algo “normal”. Eso es precisamente lo que ya ocurre en nuestra ciudad con las manifestaciones y hechos de algunos convecinos que están dispuestos a cualquier cosa con tal de que se hable de ellos.

La última ocurrencia, según se rumorea, es contratar a una señora llamada Olvido Hormigos para que asista a la Gala de Elección de las Hellineras y Hellineros “de Honor” de este año. Se contrata a esta señora supuestamente para sirva de “cebo” y el público acuda en masa a este magnánimo acto tan esperado por todos.

No voy a contar aquí las andanzas y desventuras de la que fuera concejal de Los Yébenes, pero si que me gustaría destacar que precisamente ese ha sido su único trabajo conocido, porque desde que se hizo famosa vive de contar su vida personal en televisiones y revistas del corazón.

Al parecer ese currículum es lo suficientemente atractivo no solo para pagarle el “bolo”, sino para anunciarlo como principal atractivo de una gala que, por otra parte, nos parece del todo trasnochada.

Todavía me pregunto para qué se eligen los llamados “hellineros y hellineras de honor” y si su papel es representativo, tienen alguna labor primordial en las fiestas o su presencia es simplemente otra de esas “tradiciones” que tanto cuestan desterrar en nuestras tierras.

La elección de los hellineros de honor deriva de la antigua elección de la Reina de la Feria y su corte, algo que no puedo remediar que me huela a épocas pretéritas en las que las señoritas de buena familia eran las elegidas a dedo para tal honor. El cambio se produjo bajo el mandato municipal de García Caro e imagino que se debió al tufillo machista que destilaba tal elección, en un momento en el que la palabra “paridad” había que decirla cuanto más mejor. El año pasado asistí por primera vez a esta gala, impelido por los deberes profesionales. Allí comprobé, además de aburrirme de manera soberana, que el único criterio de selección era el físico de los aspirantes, puesto que éstos fueron votados tras desfilar por una pasarela ataviados con el traje típico y con un vestido de noche o un traje de chaqueta en el caso de los chicos.

Nada tengo en contra de estos aspirantes, puesto que bien es sabido que la gran mayoría están en esa época por la que todos hemos pasado y que algunos se niegan a dejar, pero creo que alguien debería, al menos, asegurarles que salir elegido o no poco cambiará sus futuros, y que es algo que no querrán poner en sus currícula dentro de unos años, salvo que de mayor quieran ser participantes en Mujeres y Hombres y Viceversa o que quieran seguir los pasos de la Hormigos.

Muchos pensarán que digo esto porque soy feo, gordo y como dicen algunos, borde, pero creo que, a mi al menos, me representaría mejor una persona que tuviera alguna cualidad destacable, más allá de una cara bonita y un vestido de boda que le siente bien. Seguramente con que demostrara que se ha leído un libro hasta el final sería suficiente para conseguir mi voto. Seguramente el esfuerzo económico y humano que supone organizar una gala así se podría emplear en otra cosa, como un concurso de cualquier disciplina que requiera conocimiento para la gente joven. Eso ya lo intentó Teresa Rabal, que era una visionaria, pero nadie le hizo caso.

Así nos luce, premiando más una bonita sonrisa que el esfuerzo y el conocimiento. Luego nos extraña la pérdida de valores y el incierto futuro de una generación que supuestamente tendrá que pagar nuestras pensiones.

Si los organizadores de este evento, que se celebrará el día 29 de agosto, hubieran invitado a la última celebridad local, la joven actriz porno Samantha Sánchez -más conocida como Apolonia Lapiedra- es muy probable que el número de asistentes hubiera subido considerablemente, y, al menos, su presencia se podría justificar por el hecho de ser ya una hellinera ilustre y que ha conseguido su fama gracias a su trabajo y dedicación. A eso se deben referir algunos políticos cuando hablan de “premiar el esfuerzo”.

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