Lunes, 24 Agosto 2015 19:54

San Marcos y las gónadas (masculinas y femeninas)

Es sabido que con un poco de imaginación es posible construir utopías. En mi caso nada más lejos de mi intención, pues simplemente me dispongo a describir, como mejor sepa, un “sencillo” escenario donde se glosa el planteamiento y nudo de una obra, que se viene representando sin descanso en el teatro de la vida de los seres humanos, aunque siempre con el mismo desenlace.

El escenario pertenece al Gran Teatro del Mundo. Este aparece dividido en dos espacios separados por un muro de ladrillos de codicia, cogidos con argamasa de egoísmo. Para ventilar ambas zonas, se disponen en el decorado dos ventanales acristalados de ignorancia.

El primer espacio consiste en una confortable sala amueblada de cómodos sillones, butacas y otros enseres. El segundo, un salón aún mas confortable, climatizado, y en la que el atrezzo es a base de mullidos sofás, divanes y otras utilerías. Por el contrario, el patio de butacas está amueblado con viejas sillas de anea, o enea de hoja ancha, dispuestas caóticamente.

Alojados en la primera habitación se encuentran las diversas confesiones religiosas, los troncos de la Fe: Islamismo; Cristianismo; Judaísmo; Brahmanismo, etc. Y sus vástagos o ramas, mutaciones, que han surgido modificando la dirección del tronco en su provecho: Sunníes; Chiíes; Católicos; Ortodoxos; Mormones; Sefardíes; Budistas; Hinduistas, etc.

Su papel en la obra representa a los cimientos y pilares primigenios, esenciales en el desarrollo de la humanidad. Se anuncian como doctrinas y credos, cuyas filosofías y programas se articulan en instrumentos de ayuda a los cuerpos y almas de sus creyentes, en la travesía de sus vidas, así como de agencias de viajes, planificadoras, del periplo final de los humanos.

Lo cuestionada que es su participación en la obra, por el mundo actual, no es culpa de la filosofía que las gestó ni de las enseñanzas que contienen; sino del talante y actitud de sus interpretes seguidos del resto de las personas, (excepciones aparte), que lejos de compartir tenemos tendencia a dar poco o nada, y una innata predilección por salir huyendo para no adoptar decisiones y compromisos que van en detrimento de nuestros estatus sociales, y patrimonios materiales.

En el segundo espacio encontramos “listas”, para comenzar la función, a las “rutilantes” y voraces ideologías políticas. Promiscuos úteros engendradores de «salva-patrias», que a lo largo de toda la historia han dispuesto, y aún persisten, en manipular para su interés el presente y futuro de las naciones. Habiendo obtenido más éxito en aquellas que mayor número de “atontaos” e ignorantes, que no incultos, se cuentan entre sus ciudadanos. Pues esa es la clase de “carne” con la que les gusta cocinar sus guisos de intrigas y bajezas.

A saber: Conservadurismo; Comunismo; Anarquismo; Nacionalismo; Socialismo; Populismo; Liberalismo, y el Capitalismo liberal-democrático, que como orden o sistema social triunfa desde hace ya más de un siglo por delante de los demás. A cada una la acompañan sus “intérpretes” más cualificados, (políticos, juristas, sindicalistas, etc.) (El fascismo como tal, aunque se pueda considerar un movimiento ideológico,(Fascismo Italiano), no se ha incluido por llevar la figura del fascista implícita, un liderazgo político totalitario, autoritario y nacionalista. Así tenemos que el fascista, o facha, ha aparecido como la mala hierba en dirigentes de toda clase de gobiernos y de cualquier corriente ideológica, por contra de lo que cree mucha gente, engañada adrede).

Una vez que todo este elenco de protagonistas, e intérpretes de la obra, se encuentran en sus respectivos espacios del escenario, pendientes de levantarse el telón, se produce un súbito apagón, y cierre de la sala, a cal y canto. No se reabrirá el teatro hasta que no se corrija el libreto de la obra, en los términos de que los intereses individualistas se transmuten en favor de los generalistas.

Dada la ingente cantidad de individuos atrapados, actores de la obra, nos encontraremos con que en el mundo solo quedaran los simples espectadores y alguna que otra comparsa. Huérfanos, sin rumbo, y abandonados a su suerte ante la carencia de guías político-espirituales que los conduzcan. O sea, las personas que consumen sus vidas fustigados por las arengas, mítines, y otros rebuznos populistas, de los voceros de las entidades principales.

A estas alturas del drama, podría parecer que sin conductores que guíen las vidas de los espectadores, surgiría el caos y el final de sus existencias. ¡Pues no! Ya que como brújula que señale la buena dirección, existen los guiones de ciertos mensajes y preceptos. Textos, que permanecen flotando en el mar de la historia, y que nos fueron legados por personajes de gran trascendencia social, (ética y moral). Profetas de un nuevo pensamiento humano, regenerador y engendrador de conductas desinteresadas, sin atisbos de codicia.

A mi entender, el mas relevante de todos es Jesucristo, personaje histórico válido y adaptable a las creencias de cualquier persona, sea de la confesión religiosa o política que sea. Digo esto, porque todas las enseñanzas, mensajes, y actos que en los evangelios le son atribuidos, no están destinados únicamente a sus coetáneos, sino que pueden ser extrapolados perfectamente al resto de seres humanos de cualquier clase o condición, de aquella época y de la actual.

Su mensaje culminante, y el mas crucial, lo leemos en el evangelio de San Marcos 12:28-31, (amén de Mt y Lc), donde se le pregunta a Jesús «[...]¿Qué mandamiento es el primero de todos?» y El responde: «“El Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser», y continúa diciendo: «El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”[...]».

El precepto del primer mandamiento es de general aplicación, e íntegramente válido para todas las confesiones religiosas, ¿No? Respetando siempre las costumbres y creencias de cada persona, ya que las religiones que cada cual abraza suelen escogerse por tradición familiar, cultural, o educacional. Pero bueno, todo esto no afecta en absoluto al cumplimiento del segundo precepto.

Con el segundo mandamiento no nos valen apaños. Aquí está el meollo del asunto, el epicentro de los seísmos socio-económicos del mundo en todas las épocas. Pues no habrá quien dude, de que si todos los seres humanos “mirásemos” a nuestros semejantes como nos “miramos” a nosotros mismos, se terminarían de inmediato todos los problemas que azotan a la mayor parte de la humanidad, la parte que nunca sube, ni se acomoda en el escenario del teatro.

¿Cómo hacerlo? ¿La formula para conseguirlo? ¿Se le olvidó escribirla al evangelista, o a Jesucristo contarla? Ante este dilema, convendremos en que la única solución es echarle todos, sin excepción y al unísono, un buen par de gónadas (testículos y ovarios). Cosa que de fácil solo tiene el decirlo, e incluso reflexionarlo, pero lograrlo es una quimera que jamás sucederá. Pues ser o hacerse cristiano es muy sencillo, pero permanecer como tal es dificilísimo ¡lo más difícil del mundo! Aunque ello no nos exime de publicarlo para que se reconozca la falta.

Según la «Oficina de Referencias sobre Población», con sede en Estados Unidos, el número de personas que han vivido desde tiempos de Jesucristo hasta hoy, podría estimarse alrededor de ciento diez mil millones. Estos, a razón de dos testículos u ovarios por persona/sexo, (excepto Napoleón, Hitler, etc.), han supuesto la desorbitada cantidad de doscientos veinte mil millones de dichas glándulas. Y sin embargo, entre tantos, no han surgido suficientes pares de gónadas como para instaurar en el mundo el precepto del segundo mandamiento…, según el Evangelista del León.

De compras