Lunes, 05 Octubre 2015 08:08

The Fair of Hellín

Pensaba escribir un tenguerengue para celebrar el final de la Feria, pero ha llegado a mis manos, por puro azar, una carta que no he podido resistirme a compartir con los lectores de este espacio.

La misiva, por ponerla en contexto, está escrita por una ciudadana inglesa que por cuestiones que no vienen al caso ha pasado unos días en Hellín, coincidiendo su visita con los últimos días de Feria. Está dirigida a una amiga de A Coruña, y en ella le narra parte de su experiencia en nuestra ciudad. Nos limitamos a transcribirla:

Dear Maricarmen,

Lo prometido es insolvencia y te escribo estas letras in spanish para que no te cueste leerlas. Venir unos días a visitar a Rosario ha sido una great idea, no nos veíamos desde que estuvo en Manchester alojada en casa, y he pasado el weekend recordando a mis padres y al primo John.

La familia de Rosario es encantadora y muy hospitalaria (creo que se escribe con h como Hospital), el único problema es sido la comunicación con ellos. Sabes que mi nivel de español es aceptable, pero en esta zona de Albacete tienen un vocabulario muy rico y en ocasiones no entiendo. Ya me había acostumbrado al gallego allí en tu casa, pero aquí es español es peculiar y se habla casi a gritos.

Querida, voy a tener jaqueca hasta el próximo año, porque, como sabes, se celebraba la Feria, y es mucho más ruidosa que Festa do Pulpo de O Carballiño. Specially hay una zona en la que los atracciones y discoteques compiten por el volumen más alto. Aquí los bumper cars son “coches de cucones” y Rosario me contó que los chicos jóvenes se pavonean conduciendo con los pies y marcha atrás, debe ser una forma de apareamiento tipical.

He tenido varios flash backs. Las atracciones son las mismas que disfrutaba mi en los veranos de Stockport hace cuarenta y cinco años, y Rafa, el padre de Charo me confirmó que en Hellín no solo son las mismas desde entonces, sino que ocupan los mismos parcelas. Por lo visto un barco que se llama “Balca vitinga” lleva estacionada en el mismo lugar desde 1979. Oh my god!

En otra zona, cerca de un parque, hay unos establecimientos donde la gente va a comer y beber. No hay pulpo querida. Tampoco percebes. Aquí la gente se alimenta de cerdo, bueno, y de una cosa que se llama “ajo de mataero”, que Rafa llamaba ajillo pero no es blanco como el garlic, aunque tampoco me supieron relatar los ingredientes. Solo sé que es muy indigestible y que desde entonces hasta la pasta de dientes me sabe a él.

Un poco más abajo hay varias boites, una con pretensiones ibicencas, otra llena de hombres solteros, y más abajo con gente no menor de cuarenta años. Al final fuimos a tomar un gin lemon a otro lugar más lejos, más grande, y con menos gente. En todos estos sitios se celebra una especie de carnaval, la gente va vestida como el domingo en la plaza pero se pone sombreros y pelucas con más colores que Benetton. El carnaval continuaba al día siguiente, porque muchas mujeres se vistieron con el traje de gitana de la muñeca que tiene tu madre encima de la tele. Me recordé mucho de ella. El disfraz más bonito del carnaval era uno con falda plisada y mantón, pero Rosario me explicó que no era disfraz, que ese era el traje típico del pueblo, aunque  apenas lo vestian unas pocas mujeres muy peinadas y algún varón solitario.

También me recordé de ella en los toros. Si, por fin fui a ver una corrida. Y no fue tan horrible como pensaba. Tampoco es que viera mucho, porque cada vez que hacían daño a los toros me tapaba el rostro, pero la gente estaba muy divertida y en realidad fue más risas que sufrir, aunque no entendí muchas cosas. Yo preguntaba, sabes que me gusta conocer, pero solo me respondías “Esto es Hellín”.

No sabía que el toro tuviera que descabalgar al jinete. Pasó dos veces y el público jaleaba enfervorecido. Incluso le tiraron a uno de ellos un bote de soda, supongo que como premio para que se refrescara. Otra cosa curiosa es que había una banda como la de O Carballiño, pero no tocaba le pedían que lo hicera y si empezaba a tocar protestaban y tenías que dejar de hacerlo. “Esto es Hellín” me dijo Rosario cuando le pregunté. Por lo visto, querida, da igual si el matador lo hace bien o mal, hay que pedir la oreja enseñando un pañuelo blanco. Yo agitaba mi foulard intensamente. He de decirte que las corridas no son tan peligrosas como pensaban. Al parecer a los toros les cortan las cuernos para evitar percances.

Lo mejor del fin de semana fue un concierto al que fui con Rosario. El cantante se llamaba Loquillo, (creo que se escribe así), e imagino que tú lo conoces. Rosario cantaba todas sus canciones. Es un tipo que va de duro, como si fuera un rockero americano, pero seguro que en el fondo tiene buen corazón. Me encantó la banda, creo que fue lo más profesional que vi en Hellín. Lo peor, sin duda, que seguramente tendré una infección de orina cuando regrese, porque solo fui a hacer pee una sola vez en la Feria. Aguanté y aguanté, porque tuve suficiente con hacerlo una ocasión de pie encima del wáter para evitar mojarme los tobillos con aguas del color del Thames River.

Esta mañana solo he podido estar in the Feria por unos minutos, por eso aprovecho para escribirte. Mi jaqueca ya no podía más. Había unos señores de gran melena haciendo como que tocaran un piano Casio con temas latinos. Mi cabeza ha dicho basta y Rosario me ha acompañado a echarme un rato. Creo que esta noche volveremos porque hay Fireworks, y daremos una vuelta por las tiendas de artesanía, porque he visto un perro al que se le encienden los ojos que seguramente quedará divine junto a la gitana de tu madre. Mañana cojo el train to Madrid, donde sabes que pasaré unos días con Richard. Nos veremos en unos 15 días. I miss you

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