Viernes, 29 Abril 2016 07:24

Un santuario vigilado por el mismísimo diablo

Tobarra y Hellín, pese a cierta rivalidad que solo unos pocos llevan más allá de la sana disputa entre poblaciones vecinas, tienen más cosas en común de lo que aparentemente pudiera parecer. Ambas tienen como faro inconfundible a una torre, los dos se distribuyen a los pies de un santuario elevado que lo vigila todo y conservan, aunque no sean demasiado notorios, los restos de un castillo como memoria de tiempos pretéritos.

Nos desplazamos esta semana hasta Tobarra para visitar su santuario, quizá uno de los elementos más espectaculares de nuestra comarca, y los cercanos restos de su castillo. Para ello, comenzaremos en la Plaza de España, lugar donde se encuentra la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, en la actualidad cerrada al culto por estar en curso una importante obra de consolidación y restauración muy necesaria para su conservación. Desde esta plaza podremos subir caminando hasta el santuario, seguramente lo más recomendable, o hacerlo en vehículo a través de la “Cuesta de Correos” o bien por la calle Castillo y la Subida a la Encarnación.

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En una explanada ajardinada se encuentra nuestro primer destino, el santuario de Nuestra Señora de la Encarnación y Ermita del Cristo de la Antigua, un edificio declarado Bien de Interés Cultural en 1981 y que en su interior conserva algunos tesoros patrimoniales desconocidos por muchos.

Como ocurre con el Santuario del Rosario de Hellín, mucho se ha dicho de los orígenes de este templo, pero lo cierto es que no hay pruebas arqueológicas ni documentales para afirmar que se levantó sobre las ruinas de una antigua mezquita o que se trata de la antigua Ermita de Santa María, citada en las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1587. Sea como fuere, el edificio que hoy se puede visitar es en realidad una sucesión de momentos constructivos. A lo largo de varios siglos, el templo fue ampliado, por lo que la visita es una pequeña lección de historia del arte, pudiendo observar diferentes estilos artísticos en muy poco espacio.

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La parte más antigua del conjunto, que debe corresponder a los últimos años del siglo XV, conserva un artesonado de par y nudillo, con decoración de lazo y piña en mocárabe. Se trata del espacio de la ermita construido para venerar la imagen del Santísimo Cristo de la Antigua. Las pinturas de los muros fueron recuperadas durante la restauración del edificio en la década de 1990, relativas a la Anunciación y a la Pasión y muerte de Jesús, los cuatro evangelistas y que conserva unos azulejos de Manises de finales del siglo XVIII y principios del XIX. En este Camarín, decorado con estilo rococó, la cubierta está decorada con motivos vegetales que resaltan las representaciones de los cuatros evangelistas en la pechinas y los símbolos de Cristo en la cúpula. Los espejos de carnosos marcos aumentan la atención en este espacio, producida por la iluminación natural que penetra a través de las los huecos del tambor. También destaca en el exterior por su cubierta de estilo levantino con tejas esmaltadas en blanco y azul.

Junto a este Camarín se levanta el dedicado a Nuestra Señora de La Encarnación, decorado con pinturas murales del siglo XVIII de estilo popular, dedicadas al nacimiento y a la pasión de Jesús. El grupo escultórico representa el misterio de la Anunciación del Arcángel Gabriel de la Encarnación del Hijo de Dios en María Virgen.

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A los pies de ambos camarines se desarrolla una nueva nave, ahora cubierta por bóveda de terceletes con nervaduras y apoyada sobre pilares octogonales, que debe corresponder a principios del siglo XVI, por lo que debe ser una ampliación de la parte más antigua.

El resto de las naves deben corresponder a la ampliación más importante del edificio, realizada durante el siglo XVII, y que están cubiertas con bóvedas de lunetos. En el interior del edificio, además de los titulares del Santuario, se custodian varios grupos escultóricos e imágenes que durante la Semana Santa recorren las calles de Tobarra. Así, el Santuario alberga el Cristo Resucitado y la Caída de Jesús, conocido este último popularmente como Paso Gordo (por sus más de 3.000 kilos de peso) y que se baja a hombros desde este lugar, el Jueves Santo por la tarde.

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También se encuentran en sus naves la imagen del Ecce Homo, que junto a la Dolorosa, es la única talla que no desapareció durante la Guerra Civil, o la imagen de La Santa Mujer Verónica.

Una vez visitado el edificio podemos dedicar unos minutos a pasear por su exterior, donde se conserva una zona ajardinada y los restos de nuestro segundo objetivo de visita en esta ruta, el Castillo de Tobarra y sus “Ojos del Diablo”.

Poco es lo que se conserva de esta antigua fortificación, que parece que se construyó en torno al siglo XII, aunque seguramente el lugar se ocupó en momentos anteriores. A lo largo de la explanada y entre zonas ajardinadas se observan e intuyen restos de torres, lienzos y otras estructuras de lo que fue uno de los castillos que controlaban el camino entre Andalucía y Valencia.

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Si comenzamos a recorrer la zona ajardinada desde la zona más cercana al Santuario de la Encarnación podremos ver los restos de lo que seguramente fue la Torre del Homenaje, un edificio de planta rectangular construido en cajas de tapial de hormigón, con gravas de río y tierra, del que surge uno de los tramos del lienzo de muralla, realizado mediante mampostería trabada con mortero de cal, y que tiene una anchura de en torno a un metro.

Si seguimos nuestro paseo hacia el norte, en el centro de la explanada encontraremos los restos de una torre de planta trapezoidal, asentada sobre la roca natural y realizada mediante tapial de mampostería trabada con mortero de cal. La estructura no conserva el ángulo sureste. En línea con la Torre del Homenaje veremos un aljibe moderno que utilizó una nueva torre del castillo de planta rectangular.

Ya asomados a la ladera norte podremos ver dos torres más. Los restos de una con base maciza de tapial de hormigón, que posee una zapata de apoyo a modo de escalón y la famosa Torre de los Ojos del Diablo. Conocida popularmente así por la forma que ha conservado los restos de su alzado, tiene planta rectangular, y también posee una zapata de apoyo a modo de escalón, sobre la que se desarrolla un muro que configura la torre de forma hueca. Se trata del elemento más identificativo del conjunto, puesto que es la torre mejor conservada y su peculiar forma es visible desde numerosos puntos de la población.

Si seguimos nuestro paseo bordeando la explanada por su extremo occidental podremos observar parte del lienzo de muralla que se quiebra para adaptarse a la curva de nivel del cerro, y casi enfrentada a la Torre del Homenaje una nueva torre cuadrada, de cuatro metros de lado, realizada en tapial de mampostería trabada con capas de mortero de cal, cuyas caras exteriores presentan numerosas reparaciones con parches de mampostería trabada y enlucida con yeso gris. En la cara norte, tiene dos contrafuertes de mampostería trabada con mortero y enlucido de yeso. Parece ser que dichos contrafuertes se adscriben a un momento, a inicios del siglo XX, en el que se uso la torre como plataforma para sustentar el reloj antiguo, anterior al emplazado en 1928 en el Cerro de la Ermita de Santa Bárbara.

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Además de los restos del Castillo, el paseo por esta zona ajardinada invita a contemplar el extenso territorio que dominó el castillo, de gran parte del municipio y en especial del barrio de la Plaza de Tobarra.

Al sur del cerro discurre el cauce seco del Arroyo de Tobarra al que vierte la rambla de Polope (Pero Lope), zona de regadío tradicional, cuya acequia era aprovechada por hasta cinco molinos. Más al norte está la Sierra de Abenuj, Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) desde 1999, que incluye el paraje Entresierras, donde está el embalse de Los Charcos. Hacia el este, se extienden las llanuras donde están las seis pedanías del municipio: Los Mardos. Aljubé, Cordovilla, Santiago de Mora, Mora de Santa Quiteria y Sierra. Todas estuvieron pobladas en época islámica, como las alquerías de Alboraj y Alborajico, donde se extiende el área protegida compuesta por la Laguna de Alboraj y el Saladar de Cordovilla, LIC desde 2006. Siguiendo el camino de Murcia paralelo al arroyo, se divisa la Sierra de la Raja, en la que se extiende otra fortaleza en El Castellar de Sierra.

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