Lunes, 14 Octubre 2013 09:12

La “Comunidad de aprendizaje” del Colegio nº 6 comienza su andadura

Algo está cambiando en el antiguo colegio Manuel Guillamón, algo más profundo que la sustitución de su antigua denominación. El ahora llamado CEIP nº 6 comienza en estos días una nueva andadura como “comunidad de aprendizaje”, que busca la transformación social y educativa del alumnado, las familias y el entorno más inmediato.

Hace poco más de un mes que comenzó el nuevo curso y los casi 170 alumnos matriculados, muchos acompañados por sus familiares, franquean las puertas del colegio, abiertas de par en par. Son las nueve de la mañana y se respira un ambiente distinto al que percibimos la última vez que visitamos el centro, hace un par de años. Que las puertas estén abiertas ya dice mucho, que nos crucemos en su interior con muchos adultos camino de las aulas, acompañando a los profesores y a los niños, nos revela que la transformación que se busca ya empieza a intuirse.

Nos reciben Elisa y José María, la orientadora y el secretario del centro. Hemos quedado con ellos para que nos expliquen en qué consiste esta apuesta. Visitamos el colegio con una vaga idea de qué se pretende. Un poco como les ocurrió a muchas familias de alumnos que durante el verano incluso temieron que el colegio desapareciera. Las asambleas y el trabajo realizado este primer mes no solo han tranquilizado y contrarrestado las reticencias iniciales, además han propiciado que muchos de esos familiares se impliquen totalmente en el proyecto.

Una comunidad de aprendizaje no es otra cosa que un conjunto de actuaciones que están en consonancia, entre otras cosas, con las teorías de aprendizaje que se han demostrado científicamente que son exitosas y que se basan en la interacción y en la participación de la comunidad. Éstas implican a todas las personas que de forma directa o indirecta influyen en el aprendizaje y el desarrollo de los alumnos, incluyendo al profesorado, familiares, amigos, vecinos del barrio, miembros de asociaciones, organizaciones vecinales, personas voluntarias, etcétera.

Este cambio de rumbo no ha sido una decisión caprichosa. El equipo directivo del colegio lleva más de tres años preparando y formándose para él. Reconocen que el colegio no funcionaba mal, pero que era necesario un cambio. La enseñanza no termina cuando el alumno sale a la Avenida de la Constitución, debe continuar en casa. Hasta el momento se educaba con unos valores diferentes a los que los alumnos se encontraban en sus barrios. Ese contraste tan fuerte impedía avanzar. Ahora el reto es que el colegio deje de ser una isla, que el aprendizaje en el centro y en casa tengan los mismos valores, y para ello es necesario que la comunidad se haga presente en los barrios, mediante asambleas o visitas particulares que ya se están realizando, y con talleres formativos para adultos, que se iniciarán en breve.

Esta comunidad educativa no es un invento, se cuenta con el asesoramiento de un grupo de investigadores y con la experiencia de otros centros que desde hace varios cursos funcionan de forma similar, con resultados muy positivos, en otras ciudades españolas. El sistema se aplica a más de un centenar de centros en toda España, la mayoría en el País Vasco, Cataluña o Andalucía. En nuestra Región hay tres comunidades educativas además de la nuestra, dos en la provincia de Ciudad Real, y el Colegio La Paz, en Albacete, que ha sido la referencia del Número 6 desde el principio.IMG 0162

Estas experiencias paralelas y activas refuerzan la confianza de este grupo de profesores y otros profesionales del aprendizaje en los resultados, que reconocen que serán totales a medio plazo, pero cuyo éxito comenzará a verse este mismo curso. Todo el equipo está en el centro de forma voluntaria porque creen firmemente en el proyecto. Eso se nota no solo en sus palabras, también en sus miradas, que destilan una fuerte determinación y la certeza de que están aportando algo positivo para la comunidad, y en extensión para toda la ciudad.

Los cambios ya son visibles. Hasta ahora el profesorado se organizaba por ciclos o por el claustro, ahora se hace con comisiones mixtas de trabajo, donde también se integran familiares, asociaciones, personas del entorno o trabajadores sociales que toman las decisiones de forma colegiada. En el aula se trabaja en grupos heterogéneos, donde los alumnos interactúan entre sí. No es una enseñanza individualizada, sino que el aprendizaje parte de la experiencia de esa interactuación en esos grupos de alumnos, profesores, familiares y voluntarios, que ayudan a mejorar no solo el aprendizaje, también la convivencia.

Una pieza fundamental en este proyecto es la figura del voluntario. Las clases han comenzado y en ellas participan un buen número de ellos, pero hacen falta más. Para ser voluntario no hace falta tener una formación concreta. Debe ser una persona que crea en la comunidad y que tenga algo de tiempo para dedicarlo a mejorar el aprendizaje de estos niños. Con su participación y compromiso en el quehacer diario de la escuela, tanto por su labor en diferentes actividades de la escuela y la comunidad, como por su incorporación en el aula para realizar grupos interactivos, propician que aumenten el número de interacciones que viven los alumnos. Interacciones impregnadas de sentido, en la medida en que a menudo son familiares, otros miembros de su comunidad; que representan referentes positivos que dan sentido a la educación de los niños. Esto no significa en ningún caso que el profesor pierda su rol dentro del aula, sino que los voluntarios están para ayudar y para potenciar las interacciones.

El colegio continúa abierto a la participación de voluntarios. No importa el tiempo que se le pueda dedicar, la aportación, por pequeña que sea, será importante para el desarrollo del proyecto.

Sin duda el camino será complicado, no se trata de cambiar el funcionamiento de un colegio, ni siquiera solamente transformar una comunidad o un barrio con una enorme diversidad cultural. El reto apunta a toda una ciudad. Que esta comunidad de aprendizaje funcione o no será una gran noticia o un problema para todo Hellín. Quizá hasta que todos nos demos cuenta de esto no dejaremos de darle la espalda a ciertas zonas de nuestra ciudad que en ocasiones se nos olvida que forman parte de ella. Sus virtudes y sus problemas son de todos nosotros.

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