Miércoles, 16 Octubre 2013 16:18

No estropeemos la Feria de Hellín

Recuerdo la Feria de Hellín de finales de los 60 y los 70. Eran otras épocas y otros condicionantes políticos y económicos, pero la Feria hacía honor a su nombre. Eran Ferias y Fiestas. Ferias porque podias comprar desde un tractor hasta una oveja, una navaja, o una sartén de patas para hacer gazpachos. Fiestas porque, a parte de montarte en las atracciones que eran muy numerosas, podías ver a los mejores toreros (Paco Camino, Paquirri o Manzanares), las mejores actuaciones (Rocio Jurado, Serrat, Asfalto, Juanito Valderrama,etc.), equipos de fútbol de categoría nacional e internacional  jugando con el Hellín y  revistas y obras de teatro que se representaban en el tan querido y añorado Teatro Victoria, actuando los mejores actores de la escena nacional (Toni Leblanc, Angel de Andrés y tantos otros). El Ayuntamiento no gastaba un duro (salvo los fuegos artificiales,la iluminación de las calles  y poco mas) ya que todos los espectáculos eran organizados por empresarios y las atracciones pagaban su correspondiente cánon.

Sin embargo, con la crisis económica de finales de los 70 y principios de los 80 la Feria entró en una profunda crisis. La gente no iba a los espectáculos porque las entradas les parecían caras y esto bajó el nivel de calidad de la oferta lúdica, que a su vez produjo que se fueran reduciendo aquellos hasta casi desaparecer. Para colmo de males, algunos políticos iluminados (probablemente con buena intención pero con escaso acierto), con la excusa de que en las fechas de septiembre y octubre hacía frío y llovía,  decidieron cambiar la Feria a la primera semana de Agosto. Aquello terminó con las pocas esperanzas de recuperar nuestras fiestas. La Feria se hundió definitivamente. Menos mal que una consulta popular muy bien convocada la llevó otra vez a su semana natural, la que todo el mundo conocía, inclyendo a los hellineros que vuelven a su pueblo desde otras tierras únicamente en tres fechas singulares: Semana Santa, Feria y Navidad.

En este punto  hay que hacer honor a la verdad histórica. Estamos en el año, si no me falla la memoria, 1997. Es alcalde José María Barcina, por la falta de acuerdo entre PSOE e IU (lo fué únicamente durante 1 año). Llega la Feria y Alberto Alfaro le propone montar una carpa en el parque de la Feria, donde está el circuito de seguridad vial para los niños. Le comenta que va a ser una "zona de marcha" con música moderna y bares de copas. El alcalde piensa que es una idea renovadora y que merece la pena probarla para ver cual es la reacción de los jóvenes y del resto de ciudadanos. El ayuntamiento cede el área gratuitamente. La experiencia constituye un rotundo éxito. La Feria se llena de gente joven (y no tan joven) por las noches y los ruidos y bullicio producidos son aguantados por los vecinos con tal de que aquella se anime.

Al año siguiente el Ayuntamiento ya subasta los bares de copas de la carpa y la zona de marcha vuelve a ser un rotundo éxito. La Feria empieza a renacer. Además, siguiendo el ejemplo de la Cofradía de la Virgen del Dolor que ofrecía comidas y cenas caseras en el patio del Colegio de los Capuchinos, dos o tres hermandades (recuerdo a la Negación de San Pedro, que me perdonen las demás), montan chiringuitos para dar comidas y cenas con platos típicos de Hellín en la rosaleda del parque. Y esto acrecienta todavía mas el rssurgimiento de la Feria. Ya no tiene vida sólo por la tarde-noche, sino también a mediodía. Las hermandades también participan en la subasta de bares de copas en la zona de marcha y de esa manera el éxito es total.

Mas tarde vinieron las Ferias del derroche, cuando se pagaban las carrozas con cheques de constructoras y concesionarias del ayuntamiento gobernado por Diego García Caro y se contrataban a los mejores cantantes, siendo costeada una parte importante de sus   honorarios por el erario público, inmenso error que incrementó la deuda del ayuntamiento. Hay que decir que esto mismo pasó en muchos ayuntamientos españoles, no fuimos la excepción.

Y llega la crisis y con ella el cambio de partido gobernante. El PP reduce drásticamente los gastos de organización de la Feria, en consonancia con las medidas aplicadas para poder reducir la deuda que ha dejado el anterior equipo de gobierno del PSOE, que va a lastrar al pueblo de Hellín durante décadas. Algunos estuvimos y estamos de acuerdo con aquellas medidas de ahorro, pero no estamos de acuerdo con algunas decisiones de tipo organizativo que creo han sido desafortunadas.

La primera, la falta de la iluminación ornamental en las calles Gran Vía y López del Oro. Me parece que podrían suprimirse otros gastos del presupuesto de festejos (actos a los que acuden muy pocos ciudadanos) y hacer que el engalanamiento de dichas calles indique al visitante forastero por dónde se va al Ferial y que los vecinos de Hellín digan "esta es mi Feria,  la Feria de Hellín".

En segundo lugar, se produce el inmenso error de no permitir a las Hermandades montar bares de copas en la zona de marcha  tradicional, reservándola sólamente para profesionales. Ahí, el alcalde Manuel Mínguez y sus asesores cometen un inmenso error. No miden la fuerza de las Hermandades de Semana Santa en Hellín, capaces de movilizar a unos 6.000 cofrades y sus familias, o sea, prácticamente a todos los habitantes del pueblo. Y en ese momento (2012) surge El Palio,  la iniciativa de algunas hermandades valientes, que montan una zona de marcha paralela, de calidad, con extraordinarias actuaciones,  que al final, en al año 2013, ha hundido a la antigua, creando un espacio intergeneracional de convivencia donde no hay inccidentes (que si se han producido por desgarcia en la otra zona). Enhorabuena a los organizadores del Palio porque habéis vuelto a salvar a la Feria de Hellín.

Si la feria de Hellín, a pesar del bajo presupuesto (con el que estoy de acuerdo), es algo  se debe a la combinación de tres factores: feriantes de atracciones, mercadillo y hermandades (chiringuitos de comidas y zona de copas). Lo que tiene que hacer el Ayuntamiento es dejar las cosas como están y no menospreciar la fuerza de las Hermandades, que es lo mismo que decir la fuerza de la Semana Santa de Hellín. Si las medidas que tomó fueron en base a que los empresarios del sector de la restauración y el ocio se quejaron de que no podían competir con las hermandades (entidades sin ánimo de lucro), hay que decirles que estas  invierten cientos de miles de euros todos los años en organizar las procesiones de Semana Santa, de lo cual se beneficia todo el sector hotelero, de restauración y de ocio de Hellín y sus alrededores, llenando sus establecimientos y obteniendo sus buenos beneficios, de lo cual me alegro enormemente.

No estropeemos la Feria de Hellín. Llevemos el Palio a su sitio natural (el parque). Y si no cabe (dado el gran éxito que ha tenido este año en el campo de fútbol), llevemos los chiringuitos de la calle Obispo Luis Amigó a la antigua zona de marcha y dejémos El Palio en su actual ubicación ampliándollo si es preciso. Instalemos la iluminación festiva en esas dos calles principales. Tendremos Feria grande para muchos años, y seguirá siendo de bajos coste.  Que no vuelvan nunca más los malgastadores no. Ya  sabemos lo que nos han costado sus extravagancias.

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