Viernes, 26 Agosto 2016 08:32

Antiguos monasterios, antiguos terremotos y antiguas murallas. Un paseo por el campo de Tobarra

Nos desplazamos esta semana hasta Tobarra, o, mejor dicho, hasta algunas de sus pedanías para conocer un poco más algunos de los elementos naturales y patrimoniales más espectaculares de la comarca.

Iniciamos nuestra ruta en Aljubé, pequeña población dependiente de Tobarra, a la que se llega desde esta misma ciudad o desde la carretera que la une con Ontur, la comarcal B-25. Un buen sitio para tomar un café o reponer fuerzas antes de comenzar la ruta.

Al sur de Aljubé buscaremos una pista asfaltada que enlaza esta pedanía en dirección a Sierra. Conduciremos por ella un par de kilómetros y veremos una cantera de piedra a la izquierda. A la altura de la cantera un camino de tierra nos llevará a sus inmediaciones y a nuestra primera parada, el eremitorio rupestre del Alborajico.

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Se sitúa en la Muela de Alborajico, pequeña montaña situada entre los pueblos de AIjubé y Alboraj y que tiene una inconfundible silueta, al albergar en ella la citada cantera. Unos metros al sur de ella encontraremos el denominado conjunto rupestre, que consta de tres estancias muy diferentes entre sí en dimensiones.

La mayor de las estancias del conjunto tiene 26 metros de longitud, 5 de ancho y su altura es de unos 2,5 metros.  En todas sus paredes se pueden ver con suma claridad el trabajo que los golpes de los picos efectuaron perforando la montaña. En estas paredes se pueden observar varias hornacinas talladas, pero el elemento más interesante situado al fondo de la nave subterránea es un espectacular pozo tallado con una gran perfección técnica en cuanto a su verticalidad y a su trabajo. El pozo comunica el fondo de la estancia con la ladera media de la montaña, emergiendo al aire libre. El diámetro de esta chimenea es de 90 cms. y su caída en plomada de 12 metros. En torno a la boca exterior del pozo, al aire libre, se realizó un pequeño canalillo circular que rodeaba el gran orificio e impedía que el agua procedente de las precipitaciones se infiltrara por el pozo y anegara el interior de la estancia.

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Junto a esta estancia, solo unos metros más al sur, encontramos otra pequeña habitación, un espacio cuadrangular de 4x 3 metros aproximadamente. En sus costados conserva dos especies de poyos o pilas rectangulares elevadas sobre el suelo.

La última estancia está localizada a unos 50 metros más al sur. Se trata de una habitación dividida en dos sectores distintos por medio de una peana que se encuentra al fondo de la estancia y a la que se sube gracias a cinco escalones tallados en la roca. Aquí encontramos un nuevo pozo vertical similar a la chimenea de la estancia principal, pero su profundidad estimada es de unos 5 metros.

Aunque no se han realizado aquí excavaciones arqueológicas ni estudios demasiado exhaustivos, algunos autores como Jordán o González consideran que este conjunto se trata de un complejo de carácter religioso y muy probablemente con un sentido de eremitorio cenobítico cristiano, que podría datarse entre los siglos VII y VIII después de Cristo.13312795 10205821752774524 8092949894068721800 n

Estos autores interpretan la estancia principal como un templo, una iglesia, que congregara a la comunidad de monjes que habitaba el paraje de la Muela de Alborajico ocupando las covachas y cavidades de este monte o que reuniera también a la asamblea de fieles que acaso vivió en la ladera sur de la Muela.

La segunda habitación, según estos investigadores, pudo ser usada como sepulcro o como almacén y establo dependiente de la estancia más grande, mientras que la tercera pudo haber servido de residencia o de almacén general de la citada comunidad monacal.

En cualquier caso, y a falta de estudios completos que puedan fechar e interpretar de forma más fiable este conjunto, se trata de uno de los elementos patrimoniales rupestres, junto con la Cueva de La Camareta, más espectaculares de la provincia y seguramente de todo el sureste peninsular. Pasear por ellos, con unas vistas privilegiadas, nos transportará, al menos a otros momentos y otras formas de vida ya perdidas.

Volveremos a coger nuestro vehículo y retomaremos la pista asfaltada unos cuantos kilómetros más en dirección sur, hasta llegar al cruce con la carretera B-24, que une Tobarra y Cordovilla. Giraremos a la derecha y nos desviaremos por una pista a apenas 500 metros de el cruce. Nos encontramos en las inmediaciones de la Laguna de Alboraj, una zona protegida por su fauna y su flora desde 1996 como Microrreserva de Castilla-La Mancha.

Se trata de una laguna de origen cárstico, y el  principal valor de este humedal reside en su flora, dado que existen especies catalogadas en peligro de extinción o vulnerables. En cuanto a la fauna es importante la comunidad de reptiles, con especies como el galápago leproso, así como la comunidad de aves como chotacabras pardo, águila culebrera, gavilán, pato colorado, carricero común o carricero tordal, críalo, etcétera.

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Pero quizás uno de los aspectos menos conocidos y más interesantes de este espacio sean las huellas paleosismológicas, de antiguos terremotos, que aquí se pueden apreciar a simple vista.

Los terremotos de magnitudes superiores a 5-5.5, dependiendo del espesor de la corteza terrestre, pueden generar saltos de falla en la superficie del terreno, saltos que podemos observar en el campo. En el entorno de la laguna de Alboraj podemos obervar uno de estos fenómenos que tuvo lugar en época romana, entre los siglos I y IV d.C.

La laguna de Alboraj es un resto de un antiguo sistema lacustre que iba desde la localidad de Tobarra hasta la zona de los Baños de Santa Quiteria al sureste de la localidad de Cordovilla, la cual da nombre a esta cuenca Cuaternaria que lleva funcionando al menos desde hace 700.000 años.

La actividad sísmica de la Falla de Pozohondo fue la responsable de la alteración de la red de drenaje de la zona, produciendo zonas en las que el agua no llega a canalizarse y no puede desplazarse a otras zonas a través de los cauces fluviales, lo que genera zonas encharcadas y lagos. Una de estas cuencas es la laguna de Alboraj.

 

En esta zona, prestigiosos geólogos han realizado diferentes estudios realizando técnicas geomorfológicas, sedimentológicas, paleosismológicas y arqueosismológicas para estudiar esta falla. Unas evidencias que para los profanos se pueden ver a simple vista si paseamos por los alrededores de la laguna.

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Zanjas, y cortes en el terreno, pliegues en los estratos superficiales, y estratigrafías inversas son algunas de las cosas que se pueden apreciar en estos bancales. Un paisaje que la naturaleza y los terremotos han alterado tornándolo en atractivo y diferente para el visitante.

Nos desplazaremos desde aquí en dirección Sierra tomando la carretera B-24 en dirección sur. Sierra es otra de las pedanías de Tobarra y está vigilada desde siempre por su Castellar.

La torre del Castellar de Sierra es el único vestigio visible a kilómetros de distancia de lo que fuera un importante asentamiento medieval. Se trata de uno de vestigios islámicos más interesantes de los conservados en toda la provincia de Albacete. Hoy permanece solitaria en lo alto de un cerro, entre Sierra y Cordovilla, junto al que discurría la que en tiempos de Roma se llamó la vía Complutum-Cartago Noua, y que durante siglos, antes de la construcción de las actuales carreteras, fue el paso natural entre la Meseta y las costas murcianas.

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Sabemos, por los restos que todavía hoy se pueden observar a simple vista, que la torre formaba parte de una pequeña fortaleza, que defendía un asentamiento con viviendas, almacenes, o aljibes, algunos de los cuales cualquier visitante todavía puede atestiguar. Hay incluso testimonios, Bernado Espinalt así lo indica en el Atlante Español de 1778, de que al menos otra torre de este sistema defensivo aguantó en pie hasta finales del siglo XIX.

Es indudable que el paso del tiempo, los fenómenos atmosféricos e incluso los geológicos, han propiciado que el estado de conservación de las estructuras conservadas en este lugar sea cada vez peor. También la mano del hombre es patente en esta situación cada vez más grave. La famosa torre del Castellar ha sufrido en las últimas décadas numerosas agresiones. Convertida en refugio habitual de algunos desaprensivos, sus paredes muestran decenas de pintadas como recuerdos de la estupidez de sus autores.

Se construyó, seguramente a finales del siglo X o principios del XI, empleando el tapial, esa antigua técnica consistente en construir muros con tierra arcillosa húmeda, compactada a golpes, y empleando un encofrado para formarla. La subida hasta ella para visitarla no es complicada, y existen varios senderos que los transeúntes han ido dejando como memoria de sus visitas. Pasear por el Castellar será un nuevo viaje en el tiempo, entre ruinas, algunas de antigüedad y otras de dejadez.

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Tras el descenso, y volviendo al presente, iniciaremos el último tramo de nuestra ruta en dirección a Cordovilla por la CM-412. Una vez en esta pedanía tomaremos alguna de las pistas que, nuevamente en dirección sur, nos llevarán a la zona del Saladar.

Los saladares son áreas de terreno donde el suelo se caracteriza por la presencia de sales solubles de sodio o magnesio y por falta de agua durante largos periodos de tiempo, lo cual provoca una modificación sustancial en la vegetación. En consecuencia sólo aparecen un tipo de plantas muy especializadas que se han adaptado a condiciones de extrema subsistencia.

Salicornia fruticosa

Los saladares fueron zonas muy comunes en la comarca, donde se cultivaba la barrilla para la producción de sosa. El Saladar de Cordovilla, junto al de Agramón, es especialmente interesante por su gran extensión, casi 300 hectáreas protegidas, por su excelente grado de conservación y por su riqueza florística. Junto a especies comunes en otros saladares interiores, alejados de la costa, se encuentra el heliantemo de Cordovilla (Helianthemum polygonoides), catalogado “en peligro de extinción”. El área protegida rebasa el límite municipal entre Tobarra y Hellín, e incluye a la Microrreserva de la Laguna de Alboraj.

ficha aljubé

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