Martes, 25 Julio 2017 13:02

Conventos, trampantojos, paisajes culturales y aguas cristalinas. Un paseo por Liétor

Realizamos nuestra siguiente ruta por Liétor y su entorno. Pese a que actualmente no pertenece administrativamente a nuestra comarca, Liétor ha tenido numerosos lazos históricos, culturales y afectivos con Hellín. Su cercanía, además, hace que esta excursión se puede realizar sin demasiada previsión.

Llegaremos a Liétor por alguna de sus dos entradas desde la carretera CM-3213. La oriental, o más cercana a Hellín es mucho más cómoda y directa, pero pierde el encanto de la occidental, con numerosas curvas de herradura y unas vistas espectaculares.

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Sea cual sea nuestro lugar de entrada nos dirigiremos a la Plaza Mayor, a la que se llega de forma natural si hemos accedido por la entrada oriental y a la que deberemos llegar siguiendo las indicaciones si hemos usado el otro acceso. La Plaza es el lugar más cómodo para aparcar, aunque en el caso de que no haya sitio disponible se puede utilizar la Plaza de Toros, unos 100 metros al oeste de la primera.

Dejaremos por tanto el coche aparcado, puesto que la primera parte de nuestro paseo la podremos hacer a pie sin ningún problema. Seguramente en la Plaza lo primero que nos llame la atención sea la fuente principal del pueblo o "El Pilar", enmarcada bajo una doble balconada de balaustres torneados, la encontraremos frente al Ayuntamiento.

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Todo el conjunto está adornado con cerámica de Manises, con representaciones de El Quijote, y se trata de agua de manantial potable, por lo que podremos refrescarnos ahora o un poco más adelante, puesto que nuestra ruta pasará por aquí en más ocasiones.

Justo enfrente encontraremos la Oficina de Turismo, de visita imprescindible si queremos entrar a determinados monumentos. Además, en los últimos tiempos, se han comenzado a organizar visitas guiadas a todos ellos durante las mañanas de los fines de semana.

Si miramos de frente a “El Pilar” cogeremos la calle que está a nuestra derecha, hasta llegar a “El Ramblón”, una rambla habilitada y accesible en la que se encuentra un antiguo lavadero público construido en el año 1950 y rehabilitado recientemente como sala de exposiciones.

El Ramblón linda con otro interesante edificio que será nuestra siguiente parada, el Convento de Carmelitas Descalzos. Se trata de un edificio de ladrillo de finales del siglo XVII. Actualmente solo es visitable la iglesia, abierta al culto, con forma de cruz latina y cúpula sobre pechinas en el crucero.

Del interior destaca la imagen de la Virgen del Carmen, obra de Salzillo, y, con un poco de suerte, es posible que se pueda visitar la cripta, con enterramientos de algunos de los monjes que habitaron el convento.

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Volveremos a la Plaza por la misma calle que nos llevó hasta aquí, y andando unos metros más allá de “El Pilar” encontraremos, a la izquierda, la Iglesia Parroquial Santiago Apóstol.

Se trata de una Iglesia construida sobre otra más antigua de la que solo se conserva su torre. La fachada principal, a la que se accede por una escalinata, es de estilo neoclásico sencillo, con dos pilastras toscanas de piedra que sostienen un entablamento en cuyo tímpano está representada la Cruz de Santiago.

La planta del edificio es de cruz latina con tres naves y una serie de capillas que se abren a las naves laterales. Además, presenta un coro alto, situado a los pies de la iglesia, donde se encuentra ubicado el Órgano Histórico del s. XVIII.

Seguramente lo que más llame la atención sea el trampantojo del Altar Mayor, obra de 1795 del milanés Paolo Sistori. Se trata de un retablo de perspectiva en el que se simulan arquitecturas y esculturas, como las de S. Juan Crisóstomo y S. Juan Nepomuceno, y Santiago, en el nicho central.

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Además, dentro de la Iglesia se encuentra el Museo Parroquial, con una interesante colección de piezas arqueológicas y de arte sacro, entre las que destaca una ampolla altomedieval de bronce, ornamentos sagrados y orfebrería religiosa.

Una vez visitada la Iglesia podremos volver a la Plaza Mayor. Desde allí seguiremos las indicaciones para llegar a la Ermita de Nuestra Señora de Belén.

Se trata de uno de los edificios más singulares del pueblo. La Ermita tiene planta rectangular y cubierta de madera, pero su interés, sobre todo, reside en el gran ciclo pictórico que adorna todos sus rincones con unas interesantes pinturas populares, realizadas entre 1734 y 1735.

Todas las pareces están pintadas: retablos, cortinas, arquitecturas ilusorias, en una línea llena de arcaismos e imperfecciones, pero es quizá eso lo que le confiere su encanto. Se representan santos, algunas escenas, decoración, elementos decorativos y hasta una alegoría de la muerte, acompañados en ocasiones de sentencias y versos ejemplificadores. Toda una lección de iconografía y de arte popular que seguro sorprenderá al visitante.

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Volveremos a bajar hasta la Plaza Mayor y desde ella nos introduciremos en el conocido como Barrio “Morisco”, que se asoma hacia el valle del río Mundo. Hay hasta tres miradores diferentes desde los que asomarse a las terrazas de cultivo, los montes circundantes y el río, un espectacular paisaje cultural que ha permanecido prácticamente fosilizado durante siglos para nuestro disfrute.

Paseando por estas callejuelas podremos ver las fachadas de antiguas casas blasonadas como la de los Tovarra, Belmonte, Galera o Rodríguez de Escobar, descubriremos rincones cuidados por los vecinos, y, con un poco de suerte, algún agricultor de camino o de vuelta a su huerta, con su animal de carga y quien sabe si con alguno de los famosos tomates de Liétor recién recolectados.

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Regresaremos a la Plaza Mayor para coger nuestro vehículo, aunque antes, dependiendo de la hora y las ganas, podemos aprovechar para tomar algo en alguno de los bares y restaurantes que pueblan esta zona del pueblo.

Con las fuerzas repuestas iniciaremos la segunda parte de nuestra excursión, la que nos llevará hasta uno de los rincones naturales más bonitos de la provincia, la Presa del Azud.

Para llegar hasta este lugar conduciremos nuestro vehículo siguiendo las indicaciones que llevan desde el centro de Liétor hasta Elche de la Sierra. Conduciremos por esta estrecha carretera unos tres kilómetros, y justo antes de cruzar el río Mundo nos desviaremos por un camino de tierra a la izquierda que nos dejará en las inmediaciones de la Presa.

El visitante podrá elegir entre descansar y refrescarse en las inmediaciones de la presa o caminar en la dirección del río unos metros, para elegir uno de los pequeños claros que se abren a ambas orillas desde los que disfrutar del sonido del agua y los pájaros, e incluso ver alguna trucha.

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Un entorno inmejorable para pasar desde un rato hasta unas horas, de pendiendo del plan de viaje de cada visitante, y su cercanía permite realizar su visita antes, durante o después de nuestro recorrido cultural por el pueblo, dependiendo de los planes y el horario previsto para la comida, rica, abundante y a un precio muy competitivo en cualquiera de los restaurantes abiertos en el centro.

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