Domingo, 06 Abril 2014 11:12

Juanjo Villena: “El origen de la Semana Santa de Hellín no es como nos lo han contado”

Juan José Villena no es cronista, ni siquiera historiador. Es un ingeniero con vocación de letras que disfruta con el conocimiento de la historia de su pueblo, Hellín, y de su difusión. Los que conocemos a Juanjo sabemos que la enorme cantidad de horas que dedica a bucear entre documentos antiguos no buscan una recompensa personal, ni siquiera notoriedad individual. Tan solo pretenden aportar un poco de verdad a hechos y acontecimientos que la tradición oral ha dado por ciertos desde hace muchos años.

Y así lo ha hecho estudiando, entre otras cosas, el origen de la Feria, la historia del Convento de Franciscanos, cuyo trabajo está siendo imprescindible en la lucha por su recuperación, o la Semana Santa, en la que ha centrado sus esfuerzos en los últimos meses, y de cuyos orígenes hemos hablado un rato con él.

El Objetivo de Hellín: Dedicas parte de tu tiempo a rastrear en viejos documentos nuestro pasado. Lo has hecho, entre otras cosas, con la Feria, con el Convento de Franciscanos y últimamente con la historia de nuestra Semana Santa. ¿Por qué este tema tan delicado para muchos?, ¿no crees que está lo suficientemente tratado?

Juanjo Villena: Tienes razón. Hablar de Semana Santa en Hellín, desde el punto de vista histórico puede ser una empresa delicada. Desde mi humilde punto de vista la Semana Santa hellinera siempre ha estado enfundada con un bonito y romántico envoltorio, que no ha permitido ver su interior, muchísimo más interesante, al menos desde el punto de vista histórico, social y cultural. Después de consultar varios documentos y poder descubrir muchos datos referidos a la esencia de esta fiesta, a sus cofradías, a los actos y a su desarrollo histórico, he podido asomarme a ese interior, sorprendiéndome en ocasiones.

No creo que desde ese punto de vista esté lo suficientemente tratado. Me gusta conocer mi ciudad en profundidad, su historia, costumbres y tradiciones. Y eso llena mucho cuando descubres en ocasiones que lo consultado al respecto no se ajustaba fielmente a la realidad, máxime cuando no se aportan fuentes documentales que lo refuercen. La desconfianza en esas cosas que se daban por sentadas me ha llevado a consultar infinidad de documentación que me ha mostrado otra realidad.

EOb: Imagino que si investigar cualquier tema es de por sí complicado, esa dificultad se complica en asuntos como la Semana Santa…

JV: Así es. La escasez de fuentes documentales en Hellín, por la desaparición de la gran mayoría de ellas o la dispersión de las pocas existentes, dificultan mucho esta labor. A eso hay que añadir las trabas encontradas para la consulta de algunos documentos que están en manos privadas. Todo esto hace que los trabajos de investigación presenten lagunas que, se rellenan a través de teorías o especulaciones, dando lugar, en muchas ocasiones, a la conversión de hipótesis en verdades absolutas, que además calan mucho más facilmente en el imaginario colectivo porque son mucho más románticas que la realidad.

EOb: Entrando de lleno en el trabajo que has realizado últimamente, me llama la atención, para empezar, tu punto de vista sobre la visita de San Vicente Ferrer a nuestra ciudad…

JV: La visita de San Vicente Ferrer a Hellín es un hecho muy comentado, y que además, muchos han relacionado con el nacimiento de las procesiones. Los más atrevidos, incluso, la tildan como el germen de las tamboradas. Sobre este asunto solo hay que hacer uso de la escasa documentación existente y de la lógica. Para ello es imprescindible conocer la vida y obra de San Vicente Ferrer, tanto como religioso como político influyente. Desde este punto de vista, es complicado entender como aquella visita, cuya duración fue de dos días, y cuya misión solamente era la de hacer escala entre la capital del Reino de Murcia, y la capital del Reino de Castilla, Toledo, para asistir a las Cortes, pudo influir tanto. San Vicente contaba entonces con 71 años de edad, demasiado anciano para aquella época. Podemos afirmar, además, que Murcia solicitó sus servicios, bajo pago en florines de oro, para, entre otras misiones, crear ciertas ordenanzas consistentes principalmente en la división física, por medio de muros y puertas entre la aljama musulmana, y los sectores judíos y cristianos. La persecución, la conversión y el arrepentimiento público del “infiel” era una de sus misiones principales. Difícilmente, a través de estos escasos datos que se conservan de su paso por el Reino de Murcia puede deducirse que su estancia de dos días en una población de unos 800 habitantes pudiera dar lugar a las procesiones y tamboradas actuales.

EOb: En tu opinión, ¿cuál es el origen de las primeras cofradías?

JV: Sin duda en las disposiciones acordadas en la sesión XXV del Concilio de Trento, celebrada el los días 3 y 4 de diciembre de 1563 y la posterior Orden del 12 de julio de 1564 sobre la ejecución y cumplimiento de lo ordenado en este por Felipe II, donde se acordó la elaboración y difusión de un catecismo. A partir de este momento se originan diferentes cofradías que tienen por objetivo acercar la vida religiosa al pueblo, haciendo partícipes a sus cofrades y mayordomos en actos, entre otros, de religiosidad popular. Las cláusulas de los testamentos de algunos habitantes de Hellín, sobre todo de familias pudientes, nos muestra como en muchos casos vinculan sus bienes, o parte de ellos, al sufragio económico de cofradías fundando capellanías, pías memorias, vínculos o cualquier formula similar.

EOb: ¿Muchos de estos orígenes estarían relacionados con las iglesias que existían en nuestra población?

JV: Esto también nos ayuda a determinar esos orígenes. Difícilmente podemos acreditar con documentos la existencia de algún templo en un tiempo anterior a la construcción de la Iglesia de la Asunción, que se produjo a finales del siglo XV y comienzos del XVI. Podemos hablar sobre las ampliaciones de varias capillas y la construcción de su campanario en 1502.  A su vez, en 1524, comienza la construcción del convento de San Francisco. Estos templos, que fueron más o menos construidos a la par, son los dos edificios más antiguos que se conservan en pie y que a lo largo del tiempo fueron sede de las cofradías de esta villa.

EOb: ¿Cuando hablas de estas cofradías, te refieres a más o menos las mismas que existen actualmente?

JV: No, ni mucho menos. Por lo que sabemos, en las dos iglesias de las que hablábamos, existían varias cofradías que se citan en algunos testamentos de principios del siglo XVII. Son las más antiguas: la de la Purísima Concepción, la del Rosario, la cofradía de El Santísimo Sacramento y la de la Sangre de Cristo. Se ubicaba en esta época solamente a la cofradía del Santísimo Sacramento en la Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción y el resto en el Convento de San Francisco, en la Iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles. No solo no son las mismas, sino que, además, no todas estas cofradías participaban en los actos de Semana Santa. Realizaban funciones religiosas en el interior de los templos fundamentalmente y se hacían acompañar por la música de capilla.

EOb: ¿Cuál era su funcionamiento y cómo se organizaban?

JV: Por ponerte algunos ejemplos, estos colectivos tuvieron unos objetivos que  se mantuvieron hasta la primera mitad del siglo XIX, y que fundamentalmente fueron costear los entierros de los hermanos cofrades, aportar la cera o el aceite y la organización de actos religiosos en las fiestas relacionadas con la cofradía, así como gestionar las limosnas y las perpetuas, los ingresos provenientes de las distintas cláusulas testamentarias consistentes en vínculos, capellanías, pías memorias, etcétera. Estos datos eran registrados en los libros becerro y custodiados en los archivos del convento de San Francisco y en la Parroquia de la Asunción.

EOb: Entiendo, por lo que dices, que estas Cofradías tenían una estrecha vinculación con esas Iglesias…

JV: Así es. La mayoría de las familias más poderosas y pudientes de la villa, fundaron distintas capillas en los dos templos, sobre todo en el Convento de San Francisco. La capilla familiar era un lugar en el interior de la iglesia destinado principalmente a oficiar actos religiosos, generalmente las misas que se reflejaban en las clausulas testamentarias. A parte de estos oficios también estaban destinadas a lugar de enterramientos, a modo de panteón familiar, hasta principios del siglo XIX. A lo largo del tiempo estas capillas se fueron dotando de retablos, altares y, por supuesto, imágenes, que presidirían dichas capillas, todo ello sufragado, en la mayoría de las ocasiones, por el dinero recaudado a través de dichas clausulas. Como la familia Rodríguez de Vera y la capilla de su propiedad presidida por San Diego.

EOb: ¿Qué imaginería tendría Hellín en esos momentos?

JV: Es complicado conocer cuáles eran las imágenes que presidían las capillas de los templos hellineros en el siglo XVII y sobre todo, sus autores. Pero en ocasiones podemos encontrar algún dato interesante al respecto, como el que se cita en un protocolo notarial de 1671 donde se da poderes a Andrés Castillo para coloque una imagen de la Inmaculada en una capilla que se acaba de construir. Es a partir del siglo XVIII cuando surgen gran número de imágenes y actos procesionales, aunque no vinculados a la Semana Santa, ya que los actos pasionales tenían poco que ver con los actuales. Así, encontramos en este siglo una pugna entre las cofradías del Rosario y de la Inmaculada en la procesión del Corpus, sobre quien debía presidir dicha procesión. Al margen de dicha pugna, como dato interesante encontramos como participantes en la procesión las imágenes de la Purísima, una anterior a la de Salzillo, San Francisco y Santa Rosa de Viterbo, todas ellas ubicadas en el convento de San Francisco. El auge de la cofradía de la Concepción hizo que los cofrades acometiesen dos importantes proyectos, la construcción del camarín y el encargo al insigne escultor Salzillo de una nueva imagen de la Inmaculada. También conocemos, aunque no sepamos cual es la fecha exacta de constitución, que aquellas imágenes que participaron en la procesión del Corpus eran las titulares de las Cofradías del mismo nombre en este siglo.

EOb: Hablando de Salzillo, siempre se ha hablado de que la Dolorosa y Los Azotes fueron obras de este imaginero en Hellín, ¿sabemos cómo llegaron?

JV: Desgraciadamente no se conoce documentalmente, de momento, quienes hicieron los encargos de las imágenes de la Dolorosa y de Los Azotes al escultor murciano, aunque si que se conoce, al menos en 1756, la existencia de la capilla del Santísimo Cristo de la Soledad, donde se celebraba la novena de los Dolores de Nuestra Señora, dando lugar a la teoría de que en esta capilla existiese en algún momento la imagen de la Dolorosa, aunque no como titular de ella.

EOb: Uno de los temas más debatidos de nuestra Semana Santa es precisamente el origen de las cofradías y hermandades y de las procesiones tal y como las conocemos actualmente, ¿qué has podido averiguar en este sentido?

JV: El origen de la Semana Santa de Hellín no es como nos lo han contado. Se ha divulgado en muchas ocasiones de forma errónea, o al menos, no aportando la fuente documental que lo demuestre, la existencia de ciertas cofradías que ya procesionaban a finales del siglo XVIII y que según se ha afirmado por algunos autores locales, dieron origen a las tamboradas. Un informe elaborado por el vicario eclesiástico de esta villa en 1774 sobre las hermandades, cofradías, congregaciones, gremios y otras asociaciones, a petición del Conde de Aranda y por orden de la Corte, nos clarifica notablemente qué cofradías existían en este momento y cual fue su futuro. De este modo podemos citar la Cofradía del Señor San Pedro, Santa Lucia, La de Ánimas, La Purísima Concepción, Santa Rosa, La Tercera Orden, la recién constituida de la Santa Cruz de la Langosta, y La del Santísimo Sacramento, La de Nuestra Sra. del Rosario y La Sangre de Cristo, siendo las tres últimas las que, según el informe, participaban en los actos de la Semana Santa de aquella época y que se reducían a los realizados el Jueves Santo por la tarde y Viernes Santo, culminando con el entierro de Cristo. Una resolución de Carlos III fechada en 1783, ordena la extinción de todas las cofradías debido a los excesos que cometían. Pretendía que revirtiera lo recaudado por éstas en el establecimiento de una Junta General, así como diputaciones y monte píos de socorro de jornaleros desocupados y enfermos, respetando las fiestas que no gravasen al público y que fuesen fiestas declaradas por la Iglesia universal, al igual que se respetarían las rentas propias de las cofradías.

Así pues, difícilmente podríamos encontrar cofradías durante estos años y posteriores, descartando cualquier hipótesis sobre la existencia de otras cofradías, y mucho menos del germen tambolirero que siempre se le ha asociado. Al menos, hasta pasada la Guerra de la Independencia, no tenemos noticia sobre la refundación de cofradías. Conocemos a través de un informe, localizado en el Archivo Secreto Vaticano y que amigos del pueblo hermano de Rivello (Italia) están colaborando para conseguir reproducciones de los originales, que el Obispo de la Diócesis de Cartagena, D. José Ximenez, realizó una visita a la villa en 1818 y reflejó en el informe, entre otras cosas, el número de cofradías existentes en la villa, citando a la cofradía del Santísimo Sacramento y a la cofradía de Ntra. Sra. del Rosario como las dos únicas existentes. No se menciona en ese informe cuáles eran los actos en los que participaban, pero, como hipótesis, es de suponer que se seguirían organizando, como antes de la Real Orden de Carlos III, de los oficios de Jueves y Viernes Santo la cofradía del Santísimo Sacramento, y de los actos del Descendimiento y el Entierro de Cristo la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario. Sin duda, una Semana Santa que, seguramente poco tiene que ver con la que vivimos actualmente o como la que hemos imaginado hasta ahora.

EOb: Entonces, ¿dónde podríamos ubicar cronológicamente el origen de las actuales hermandades y cofradías?

JV: Es a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando podríamos decir que nace una nueva Semana Santa, precursora de la que conocemos y, por decirlo de algún modo, según las distintas etapas, la abuela de la que vivimos en la actualidad.

Esta etapa viene marcada principalmente por las leyes que regularían los actos religiosos de semana santa, la aparición de nuevas imágenes y grupos escultóricos por encargo de distintas familias acaudaladas a escultores murcianos y especialmente a los hermanos Baglietto, Santiago y Joaquín, así como la formación de la primera banda de música, puesto que anteriormente solo disfrutaba esta villa de la música de capilla, encargada de acompañar las funciones de Semana Santa  y la banda de cornetas y tambores de la Milicia Nacional. Pero el punto álgido de esta manifestación tuvo lugar a partir de 1880, cuando Hellín disfrutaba de buen número de pasos de Semana Santa, no pudiendo precisar documentalmente cuáles eran las cofradías existentes en esta época, exceptuando unas pocas que conservan las actas o documentos constitucionales.

EOb: Otra de las cosas sobre la que se han escrito millones de palabras es el origen de las tamboradas, o del presunto “suceso” del que han hablado algunos en el que se separan procesiones y tamboradas…¿has averiguado algo sobre esto?

JV: En cuanto a las tamboradas, hay que comentar que en el siglo XIX, y hasta después de la Guerra Civil de 1936-1939, eran simples acompañamientos procesionales, formados por grupos de nazarenos con las túnicas de las cofradías o en ausencia de estas. Los acompañamientos de nazarenos con tambores y clarines en las distintas comitivas procesionales, ofrecian al principios de esta nueva Semana Santa un espectáculo bochornoso y ridículo, como así lo expresa la prensa en 1889, debido seguramente a la falta de educación musical de estos nazarenos, sobre todo si se comparaban con las bandas militares procedentes de Murcia, la propia de Hellín y la música de Capilla. En 1888 el alcalde era de ideología conservadora y mantenía la prohibición de tocar los tambores, mientras en las elecciones de 1891 era elegido un alcalde liberal, publicándose en la prensa que “el alcalde de Hellín ha autorizado el toque de los tambores en cualquier lugar y a cualquier hora” autorización, que podría estar fundada en el carácter intransigente y las enemistades ganadas por el cura párroco.

Los Bandos de principios del siglo XX nos muestran cómo eran estos desfiles procesionales y la participación de los nazarenos con tambor y clarín, especificando en todos ellos que solo podían tocar los que llevasen las túnicas de las cofradías participantes, comenzando desde el Santuario del Rosario, en fila de a dos y solo se podía tocar por el recorrido autorizado. La salida de las procesiones desde el Santuario del Rosario fue debido a que, desde la desamortización del convento de San Francisco, a mediados del siglo XIX, este fue cedido por el Estado al Ayuntamiento y estaba ocupado por distintas dependencias y usos municipales.

Es a partir del final de la Guerra Civil, y debido a la perdida o, mejor dicho, a la desaparición de prácticamente toda la imaginería existente, cuando comienza una nueva Semana Santa, que es prácticamente la que todos conocemos. Esta es la que reina en la memoria de nuestros mayores, aquellos niños de la posguerra, refundando algunas de las antiguas cofradías y adquiriendo imágenes, copias fieles a las desaparecidas, así como la creación de otras muchas nuevas cofradías, con sus imágenes y grupos escultóricos, base de la actual Semana Santa. Las tamboradas comienzan a salir de aquellos recorridos rigurosos y aparecen las túnicas negras, según consta en un bando de posguerra, exigido a aquellos que quisiesen tocar el tambor y no perteneciesen a cofradía alguna.

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